En infinidad de ocasiones, el Madison Square Garden de Nueva York se vistió para funciones de gala, pero pocas veces, una velada boxística sin un título mundial en juego ha logrado tener la repercusión que ha tenido esta que tendría frente a frente como combate de fondo al mejor boxeador libra por libra de todos los tiempos, Muhammad Alí y el argentino Oscar “Ringo” Bonavena.
Para el oriundo de Louisville era su segunda presentación oficial luego de estar más de tres años inhabilitado por haberse negado a combatir en la Guerra de Vietnam, en tanto, el argentino registraba en su legajo, 37 victorias antes del límite en 45 peleas y dos durísimos enfrentamientos recientes con Joe Frazier, al cual derribó en dos oportunidades durante el primero de ellos y lo obligó a defenderse en los asaltos finales del segundo duelo.
Como si el plato no fuera seductor por sí solo, el propio púgil de Parque Patricios se encargo de ponerle condimentos para hacerlo más tentador. Los dos eran unos bocones pero el argentino se robó el protagonismo en la previa a la pelea, escaldó la sangre de Alí al denominarlo “gallina” en alusión a su deserción de incorporarse a las tropas norteamericanas en el conflicto bélico y llamarlo “Clay”, apellido de nacimiento que dejó de utilizar cuando se convirtió al islam.
En la ceremonia de pesaje fue Bonavena quien volvió a tomar la iniciativa y con un inglés entrecortado volvió a decirle “Gallina, no vas al ejército”, le insinuó que tenía problemas de higiene y lo chicaneó tratándolo de homosexual, al tiempo que su rival hacía gestos sugiriendo que estaba loco, y más tarde, apareció inesperadamente a los gritos, de manera histriónica en el camarín del argentino hasta ser retirado por la fuerza.
El pináculo de este culebrón se produjo cuando Alí, intentando intimidar a su oponente, exponía sus rítmicos movimientos y tiraba golpes a milímetros del rostro de Ringo sin que a este se le mueva un pelo, pero en un efímero pero imborrable instante, respondió con un amague que puso en ridículo al norteamericano provocando la carcajada de los presentes. Antes de subir al cuadrilátero, el campeón olímpico en Roma 1960 dijo “Nunca quise golpear tanto a un hombre. La Bestia es mía y esta noche cae en nueve «.

Durante los primeros rounds, cual toro y torero, Oscar Bonavena lanzaba manos con más ira que control, era más lo que fallaba que lo que acertaba, pero no se frustraba, mientras, Muhammad Alí se movía y tiraba golpes de izquierda. A partir del cuarto asalto, disminuyó la movilidad del americano, Ringo comenzó a acecharlo implacablemente y la defensa de su oponente se basaba más en sus reflejos que en sus piernas, no obstante, los golpes del porteño al cuerpo empezaron a llegar con cierta regularidad.
Tras la campana, el estadounidense lanzó un fuerte puñetazo al mentón de su rival pero en el golpe por golpe, a los pocos segundos, Bonavena encontró con un gancho, la mandíbula del morocho que lo puso de rodillas. Alí predijo que la pelea terminaba en el noveno round, aunque nunca pensó que él sería el que caiga a la lona. La pelea se volvió vulgar, casi chabacana, con Ringo persiguiendo a su retador por el ring mas sin la técnica suficiente para aniquilarlo en ese pasaje. ”Fui golpeado por un gancho más fuerte de lo que Frazier podría lanzar. El impacto y las vibraciones es todo lo que sentí, así supe que estaba vivo” sentenció posteriormente Alí.
Tras ese feroz noveno asalto, el pugilato se volvió monótono, con Alí escapando de los guantes del argentino y la gente abucheándolo. Así trancurré los siguientes episodios del combate. En el decimoquinto y último round, Bonavena sabía que los jueces no le iban a dar la pelea por lo que fue en busca de noquear a su oponente, es así que salió tirando una andanada de piñas pero quienquiera que golpeara a quién, el otro caería y así fue, en un cruce, un gancho izquierdo de Alí que llegó una milésima antes que la derecha de Ringo fue el detonante. Como buen guapo se puso de pie, sin embargo, el americano nunca dejo que se recuperé, lo tiró por segunda vez y cuando aún tambaleaba el fanático del Globo, la izquierda de Alí tras una combinación de impactos certeros casi sin resistencia decretó el nocaut técnico.
En Argentina la pelea fue televisada por Canal 7 alcanzando los 80 puntos de raiting, marcando un récord de audiencia que recién pudo ser superado por el partido de Italia y Argentina por la semifinal de la Copa del Mundo de 1990. Finalizada la velada y alejado de todo resentimiento, Oscar “Ringo” Bonavena se introdujo en la conferencia de prensa de Alí para pedirle disculpas por sus bravuconadas previas aclarando que era para fomentar el show y terminó felicitándolo por la victoria. Alí lo reconoció y expresó que había sido hasta ese momento su máximo rival, sentenciando así una de las historias más extraordinarias de la historia del boxeo mundial.