La última vez que Argentina disputó un torneo de fútbol en Estados Unidos alguien le cortó las piernas al Diego. Caía la tarde del 25 de junio de 1994 en el Foxboro de Boston cuando una enfermera rubia tomó de la mano a Diego Maradona y lo llevó al control antidóping. El final de la conocida historia tendrá revancha posiblemente cuando exactamente 22 años y un día más tarde se dispute la final de la Copa América Centenario en Nueva Jersey.
Ya sin la zurda mágica de Maradona pero con el talento inigualable de Lionel Messi, más de 40 millones de argentinos esperan por esa alegría que a nivel nacional, y en este deporte en particular, se viene negando desde 1993. En pleno conflicto interno dentro de las oficinas de la Asociación del Fútbol Argentino y, a pesar de los problemas con el fisco por los cuales tuvo que declarar el astro del Barcelona, la ilusión vuelve a renovarse.
Han pasado torneos continentales con fracasos rotundos. En 1997 fue un combinado con jugadores del ámbito local, en 1999 Martín Palermo falló tres penales, en 2001 no se presentó el equipo por el conflicto armado que atrevesaba el país anfitrión: Colombia. Un traspié tras otro se daba en los Mundiales porque en 1998 Dennis Bergkamp silenciaba a todo el país a minutos del final, en 2002 no se superaba la primera ronda y en 2014 tropezaba en una nueva final ante Alemania.
Sin embargo, a pesar de los obstáculos en el camino el sueño de quedarse con la Copa América Centenario está más vivo que nunca. Un grupo inicial accesible con Chile, Bolivia y Panamá invita a la ilusión para que el equipo de Gerardo Martino vaya en busca de ese trofeo que hace más de dos décadas Argentina viene esperando. La noche previa a la final se cumplirán exactamente 22 años que al Diego le cortaron las piernas. Es momento para que otro genio del fútbol mundial con un 10 en la espalda se tome revancha. En Messi confiamos.