Por Guillermo Tiribio
El equilibrio de España se impuso a una Argentina de altibajos constantes por un aplastante 6-1.
Tic, tac, tic, tac, tic, tac… No hay nada más preciso que el equilibrio de la maquinaria de un reloj y España ayer parecía ir siempre en ese mismo sentido:
Cada toque no era un simple embellecedor del juego sino que tenía un sentido, un motivo. Hasta seis le mostró la roja ayer a una Argentina que pese al naufragio de su patrón de juego lo intentó de todas las maneras.
Ever a la banda, Ever a recibir para sacarla jugada desde la defensa, Tagliafico de afuera hacia adentro y proyectándose para el remate.. Y Meza.
¡Qué jugador es Maximiliano Meza! Cómo encaraba sin miedo, como aparecía por todos lados, a fin de cuentas… Como lo intentaba.
Él era ese Alexis que Sampaoli creía que podía hacer lo mismo que aquella Chile con la que doblegó a España, a otra España.
Parece mentira que con jugadores con el curriculum de los argentinos y a tres Meses, o “Messis” vista, del Mundial, un equipo como el albiceleste tenga que pasar por tan severo correctivo.
Pero, al igual que arriba me parecía apuntar a los futbolistas (junto a Otamendi) que se salvan de alguna manera del despropósito, apunto a lo positivo de esto (lo negativo ya lo conocemos).. Argentina tiene la capacidad de aprender que esto no se puede permitir en una cita mundialista.
Las manos a la cabeza han de haber durado las últimas 12 horas y, ahora, solo queda llevárselas pero para masajearse los sesos y averiguar como no mostrar esta imagen. Eso y, a buen seguro, el mejor del mundo sobre el tapete, son las esperanzas de un país que por lo que ha invertido en el fútbol merece más… Esos 40 millones de argentinos a los que apela “Sampa” merecen más.