El uruguayo nunca imaginó, aquella noche del 7 de marzo de 2020, que sería su última función como futbolista profesional. La pandemia arrasó con las esperanzas de todos sin importar latitudes y longitudes pero cuando se reanudó la actividad deportiva, Santiago Silva estaba suspendido por un dóping sumamente injusto.
El ex delantero de Banfield confesó que había consumido un medicamente en pos de buscar un hijo. Por esas cosas burocráticas, la decisión parecía inflexible y los entendidos en el tema consideraban que el charrúa sacaba ventaja con esas pastillas. Lo cierto es que no tuvo más «remedio» que masticar bronca y no bajar los brazos.
Entre abogados, reclamos, y el sueño intacto de un niño de 41 años, el uruguayo le ganó al tiempo y a las decisiones ajenas. No podía retirarse porque otros lo dijeran y, mucho menos, alejado del verde césped. El nacido en Montevideo, que también tuvo un paso por la Universidad Católica de Chile, se quitó la espina luciendo la pilcha del Tiburón en la Liga Profesional.
Sin lugar en Argentinos Juniors, el «Tanque» Silva firmó con Aldosivi. En Mar del Plata, y bajo las órdenes de otro goleador como Martín Palermo, sintió que la vuelta al fútbol era totalmente posible. Y después de 706 días de su última función, en el inicio de la Copa de la Liga, el delantero logró cumplir un nuevo sueño. A los 22 minutos entró en reemplazo de Tomás Martínez y demostró tener cuerda para rato.