«Boludo, cobrás cien pesos por mes, gil» increpó el entrenador de la Selección Argentina a un agente de tránsito en Casilda, provincia de Santa Fe. Un hijo pródigo de esa ciudad como Jorge Sampaoli, cultor de los buenos modales y la preocupación por el prójimo tal como se ha mostrado mediáticamente, tuvo un desliz en la madrugada del 24 de diciembre.
En el vehículo donde viajaba el entrenador de la Albiceleste iban más ocupantes que lo reglamentariamente permitido. Traducido al lenguaje futbolero sería como poner doce jugadores del mismo equipo. Físicamente es posible pero deportivamente incorrecto. Lo mismo sucedió en el auto del santafesino donde cabían sin problema pero infringiendo las normas de tránsito.
La noticia recorrió el mundo. Más tarde el entrenador ofrendó sus disculpas de forma pública y a través de los canales de comunicación de la Asociación del Fútbol Argentino. Así, el encargado de conducir el sueño nacional en Rusia 2018 y fanático de Callejeros dio una muestra más de los rocanroles sin destino que se viven en estas tierras.
Casilda es una localidad que se encuentra a 56 kilómetros de Rosario. Según Manuela Bonis, precandidata a concejal por la Fuerza Popular Casildense, la zona tiene un 47 por ciento de deserción escolar en el secundario así como también hay un barrio donde el 60% no cuenta con los servicios correspondientes.
Y ahí anduvo Sampaoli, que se fue de Sevilla y perdió su silla. La de sus inicios, la de los valores. Ahí estaba, con su pasión por Callejeros y andaba «solo como un pájaro que vuela en la noche, vacío como el sueño de una gorra, lleno de nada, sin saber a donde ir».