Las actitudes de Vinicius ya cansan. Sufre al racismo y lo denuncia pero, dentro del campo, no hace otra cosa que provocar a propios y extraños. El amistoso entre Brasil y España fue la gota que rebalsó el vaso con disputas -innecesarias-, insultos y empujones por la espalda a pura cobardía.
¿Quién es Vini? ¿El del llanto de la rueda de prensa previa al encuentro internacional por no aguantar los insultos injustificados en las gradas o el pendenciero que busca pleitos en partidos oficiales y amistosos? Claramente, el brasileño tiene dos caras y ninguna lleva consigo una justificación.
Empujó a Laporte por la espalda en una discusión durante el juego en el Bernabéu, celebró el tanto de Lucas Paquetá directamente al banco de suplentes español y se enfrentó a Álvaro Morata con un tenso cruce verbal. Era solo un partido amistoso en el patio de su casa y contra muchos de sus compañeros en el Real Madrid. Hasta Joselu, que comparte plantel en la Casa Blanca, le apuntó a Vini con una frase mostrando su desubicación tras la burla del agónico empate: «No puedes hacer eso».
Vinicius no solo sigue ganándose enemigos en el mundo del fútbol con sus actitudes sino que también empieza a cansar al entorno madridista, al que poco le agrada su personalidad dentro del campo. El delantero demuestra su habilidad sobre la verde gramilla y con eso le alcanzaría para ganarse los corazones de los fanáticos. Sin embargo, Vini muestra su peor cara cuando pierde estribos contra los rivales y ante el público con gestos intolerables y provocadores que encienden -lamentablemente- la otra pelea del atacante: la del Racismo.
Es imposible no estar en el mismo equipo que Vinicius en su lucha contra el racismo pero lo que debe entender es que, para dar una pelea, también hay que ser ejemplo dentro de la cancha y el brasileño no lo es. Pierde fácilmente la razón y exhibe un monstruo que no coincide con su magia cuando tiene la pelota.
Vini es un diamante en bruto pero con dos caras totalmente opuestas. Rasgos que le pueden jugar una mala pasada.

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