Por: Walter Silva | @WalFSilva10
La máxima competencia basquetbolística profesional de nuestro país, de la mano de León Najnudel, se dio por iniciada oficialmente el 26 de abril de 1985. Hoy, luego de tres décadas y media, festeja su aniversario dentro de un contexto inédito para el Siglo XXI, pero de igual manera queremos celebrarlo.
Para construir una gran obra, uno debe rodearse de los mejores diseñadores y darles las mejores herramientas a los mejores albañiles.
El básquetbol argentino había demostrado su alta valía a nivel internacional en la década del ’50, exhibiendo la calidad del jugador criollo en este deporte, pero las décadas posteriores fueron aislando a los grandes valores en sus provincias, cercenándoles la posibilidad de enfrentarse más que sólo una vez al año en los Campeonatos Argentinos o que se junten sólo algunos en los equipos de Capital Federal, Córdoba y Bahía Blanca -regiones que concentraban la competencia “fuerte”-, sin mencionar a los Campeones que fueron prohibidos de practicar el deporte por temas meramente políticos.
Ante este contexto, hubo un entrenador que la vio. Ese entrenador vio la posibilidad de crear, y no sólo cambiar, el paradigma del baloncesto competitivo en la Argentina y que eso decante en el salto de calidad a nivel internacional. La obra ya estaba en su cabeza.
León Najnudel, un entrenador porteño que, mientras se desempeño en el Club Atlanta, empezó a mirar más allá de su club y buscó llevar la competencia a otro nivel. En los albores de la década del ’70, empezó a hablar e intentar de convencer a todo el mundillo del básquet que esté a su alcance (entrenadores, dirigentes, clubes, instituciones hasta incluso periodistas) sobre hacer una competencia que reúna a los mejores y los mantenga enfrentándose todo el año, que les permitiera elevar el nivel para alimentar a la selección argentina y que le ofreciera un espectáculo nuevo al publico, que haría que más gente se sume y acompañe.
Para esto, contó con la importante ayuda de un periodista en particular, Osvaldo Ricardo Orcasitas, que bajo su pseudónimo O.R.O., se encargó de allanarle un poco el terreno, por lo menos en la Revista El Gráfico, para que se pueda siquiera discutir el tema en el contexto de una Argentina subyugada a la Dictadura Cívico-Militar. A medida que ambos fueron convenciendo a más y más dirigentes, la Liga comenzó a dibujarse.
A finales de la década del ’70, estuvo en contacto con otro de sus grandes amigos, José María Yoyo Caballero, quien estuvo dirigiendo en España (por recomendación de León), y éste le fue pasando informe -por carta- de cómo era el advenimiento de la, aun no nata, Liga ACB. Junto con un poco de España y el reglamento de la Liga Italiana, Najnudel fue armando la estructura de la Liga Nacional.
Fueron ganando terreno hasta que, en una Asamblea General Extraordinara de la Confederación Argentina de Básquetbol en 1984, finalmente obtuvo su aprobación, comenzando ese mismo año con el Campeonato Argentino de Clubes preparando la escena, llamándose a éste certamen como la Liga de Transición, y en el que 16 equipos se ganaron el derecho a jugar la primera edición de la Liga Nacional de Básquet el año siguiente.
Finalmente llegamos al día de hoy, pero de 1985. Los registros dicen que el primer partido de la historia de la Liga fue Club Pacífico vs. Asociación Deportiva Atenas (de Córdoba) en la ciudad de Bahía Blanca, pero debía poner la firma de fin de obra el arquitecto de la misma. Horas más tarde, en el estadio de Obras Sanitarias de la Nación, en el encuentro que disputaron San Lorenzo de Almagro vs. Club Atlético Argentino (de Firmat), fue León Najnudel, quien la temporada anterior estuvo dirigiendo al Zaragoza español, el que realizó el salto inaugural simbólico (registrado por la lente de Marcelo Figueiras) y dio inicio a nuestra competencia profesional. La obra estaba finalizada.
En estos 35 años han habido grandes equipos, han pasado muchas instituciones, han venido extranjeros de gran calidad (y no tanto), han surgido muchísimos jugadores (y un puñado de dioses del Olimpo), se han coronado grandes campeones. También han habido aciertos y pifias que fortalecieron y debilitaron la estructura de la obra.
En estos tiempos de incertidumbre que vivimos, queda ver qué suelo nos queda y en qué condiciones lo tendremos para saber qué medidas tomar para que le estructura se mantenga firme. Pero hoy nos queda celebrar un año más de esta hermosa obra, que es nuestra.