EDITORIAL: RODRIGO MUNILLA

Marcelo Patroncini junio 19, 2021


Los periodistas debemos contar noticias que no siempre son lindas. Últimamente, por esta pandemia, tuvimos muchas de esas que no nos gustan. Y el adiós a un colega como él, difícilmente lo podamos digerir en cuestión de horas e incluso de días. Lo cierto es que, a partir de hoy, los micrófonos estarán un poco más tristes. Y ni hablar los pasillos de AFA cuando la nueva normalidad nos permita volver a todos a la casa madre del fútbol argentino.

No, no éramos amigos pero nos conocíamos. El petiso que entraba al ya desaparecido café aledaño a AFA con el adelanto del boceto del fin de semana del ascenso. El que siempre estaba en la sala de periodistas. Nunca tuvimos una amistad, pero sí el cordial trato de compartir con una persona sana y simpática, horas enteras en Viamonte 1366.

Cuando nos enteramos que Rodri contrajo el virus y fue hospitalizado, abundó la tristeza. Seguimos cada reporte de esos que nos pasaban otros colegas como Néstor Centra o Ricardo Fioravanti. No necesitábamos replicar nada, ni subirnos a ningún tren, sólo esperar esa montaña rusa de tres meses donde nos alegrábamos ante cada mejoría y nos apenábamos cuando las malditas noticias eran desalentadoras. Ellos dos fueron los voceros de muchos que esperábamos volver a verte pronto.

Nos llenó de orgullo saber que llegaste a la televisión. Disfrutamos de tu presencia en la final de la Primera C por DXTV. “Marcelito, ¿cómo anda Fran?. Mandale saludos” solías decirme cada vez que nos cruzábamos. Insisto, no éramos amigos, pero a partir de hoy faltará tu presencia y se notará.

Despedir a un colega no es fácil, menos si lo conocíamos y teníamos trato. Muchas veces se encargaba de colaborar con esas «entradas de prensa» cada vez que jugaba su amada Selección Argentina. Por esas cosas del destino, partió el mismo día que la Albiceleste le regaló un triunfo. Seguramente, allá arriba, ya más tranquilo y descansando después de tanta lucha, pudiste sonreír.

Los periodistas debemos contar noticias que no siempre son lindas. Ésta, querido, es horrible. Pensándolo bien no nos sentíamos amigos pero a la vez lo éramos. Cuesta asimilar lo sucedido y más aún cuando volvamos a transitar los pasillos de AFA sin tu presencia.

Te vamos a extrañar, Rodrigo Munilla. Serás inolvidable como persona y como colega. Hasta siempre… amigo.


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