Se dice que en América está el corazón del fútbol pero la verdadera pasión por la pelota la demostró Argentina en los cuartos de final de Chile 2015 ante Colombia. Una clase de dominio, estrategia y paciencia para sufrir más de lo merecido. El equipo de Tata Martino debió utilizar el recurso de los penales luego de jugar su mejor partido en la competencia. Demasiado sufrimiento en una definición que terminó con una sonrisa de la mano de Carlitos Tévez, ese «apache» que había fallado frente a Uruguay en la eliminación de 2011.
A veces el análisis de cada llegada al arco rival es subjetivo. La albiceleste fue muy superior a una selección cafetera que pegó durante todo el encuentro y recibió la bendición de una desastroza actuación del árbitro mexicano García Orozco. Todo el equipo dio una demostración de unión y superación. Los de Pekerman no la tocaron -salvo alguna excepción-, los nuestros borraron al rival de la cancha aún con figuras como James Rodríguez, Teo Gutierrez, Jackson Martínez y Falcao García. La defensa no pasó demasiados sobresaltos pero Pablo Zabaleta se destacó sobre el resto por su capacidad para defender y atacar, el trabajo que hacía falta en el seleccionado. La entrega de Mascherano no cambió y nos volvió a cautivar, siempre con ese corazón que lo caracteriza marcando en el medio y ayudando en el sector defensivo en alguna contra. Pastore y Messi manejaron los hilos del equipo, solo cuando lo dejaron con los altibajos normales por los cortes constantes por faltas de los colombianos. El único punto bajo apareció en la figura de Di María, al que se lo notó muy individualista e impreciso a la hora de pasar el balón.
Fue una participación casi perfecta de los dirigidos por Gerardo Martino. Rotación, paciencia, actitud ofensiva pero sin gol. Quizás faltó lo más importante del fútbol que es inflar las redes aunque nadie le quita lo bailado, que fue ampliamente mejor que un rival que necesitó de su arquero, Ospina, o de la fortuna de los palos y el destino de que el encuentro fuera a penales. Pegaron, especularon y no hicieron daño en ningún momento de los 90 minutos. Un pobre rendimiento para una de las revelaciones de Brasil 2014 aunque aquí fue una decepción porque nunca quisieron «jugar al verdadero» como se dice en el barrio. Ospina se lo sacó a Aguero y después a Messi, el travesaño impidió el tanto de Banega, el palo y el 1 rival le sacaron el gol a Otamendi. No salía ninguna pero como dice la canción «Naranjo en Flor»: «Primero hay que saber sufrir». Y así, Colombia aguantó el control de la albiceleste y los penales fueron inevitables.
Los vestidos de amarillo pegaron primero y así hasta la tercera tanda todos convirtieron (James, Falcao y Cuadrado para ellos; Messi, Garay y Banega para los nuestros) pero luego llegaron los nervios para los jugadores y los hinchas. Muriel falló el cuarto y Lavezzi adelantó al seleccionado celeste y blanco. Con una atajada de Romero o un gol argentino pasabámos pero una estirada perfecta de nuestro número uno no alcanzó y menos la pifia al arco de Biglia. La fatídica serie de uno desempataba la historia y así llegó el momento crucial: Primero, Chiquito se lució con una gran atajada (con posterior fallo de Rojo) y segundo, Murillo lanzó su penal a las nubes. El destino quiso que el penal definitivo le tocara a Tévez, aquel hombre que falló en Santa Fe y ante los uruguayos para quedar eliminados. Y Carlitos se redimió, con sus pasos característicos pateó al medio e hizo feliz a los 40 millones. Abrazos y sonrisas para lanzar el desahogo a la cordillera de Los Andes para gritar bien fuerte por un lugar en las semifinales de la Copa América de Chile 2015. Por haber merecido ganar en los noventa y haber sufrido demasiado un encuentro que quedará en el recuerdo por el gran rendimient0. Ahora a esperar el rival: Paraguay o Brasil (juegan mañana a las 18.30 horas). La ciudad de Concepción nos espera en la semifinal con el verdadero corazón del fútbol, el de Argentina.