Una bomba de estruendo sacudió la noche de Resistencia cuando Matías Cano, guardameta del Colectivero, quedó tendido en la verde gramilla. Tras la atención médica fue derivado al hospital Perrando y así, el colegiado Rodrigo Rivero, decidió por suspender la contienda entre el Albinegro y los misioneros cuando apenas se había jugado media hora de partido y no había goles por el momento.
Había mucho en disputa en el Estadio de la Avenida. Si Chaco For Ever ganaba se metía dentro de los cuatro equipos que estarían clasificando a la siguiente fase y dejaba en una posición incómoda a Crucero del Norte. Sin embargo, nada ni nadie podría justificar lo sucedido.
En los 33 minutos de partido, el protagonismo fue repartido. Arrancó mejor el conjunto de Héctor Rivoira con un par de intentos de Ramón Cardozo y Leonardo Marinucci. Después fue el turno de Diego Magno para equilibrar las acciones y exigir al ex guardameta de UAI Urquiza que terminó en observación por un grupo de inadaptados que se puede encontrar en cualquier estadio del fútbol argentino.
Sin Cano en el campo de juego, el santiagueño Rivero le puso fin al partido y todo quedó sujeto a lo que determine el tribuna de disciplina del Consejo Federal. Iban 0 a 0 pero verdaderamente triste es que lo ocurrido en Chaco For Ever – Crucero del Norte volverá a pasar en otro estadio y todavía no se han tomado cartas en el asunto para acabar con este tipo de violencia.