El contador rumbo a la próxima Copa del Mundo esta situado en 266 días. El próximo 14 de junio, en la ciudad de Moscú, cuando los locales salten a cancha para disputar el primer cotejo del certamen donde serán anfitriones, quedará oficialmente iniciado Rusia 2018. Y para que la espera no sea eterna, en nuestra habitual sección Camino a Rusia 2018, proponemos contar las historias más atrapantes de ediciones pasadas. En esta oportunidad, presentamos la particular historia de Franco Gemma, el niño que eliminó a España, o dicho de otra manera, clasificó a Turquía.
Pero primero, contextualicemos nuestra historia. Nos situamos en el año 1954, a pocos meses del comienzo de la Copa del Mundo en Suiza. España y Turquía disputaban una serie para quedarse con un boleto para el Mundial. La Roja era clara favorita debido a su 4° puesto obtenido en la edición anterior, Brasil 1950, mientras que los otomanos tenían el anhelo de lograr su primera participación.
La ida de esta serie tuvo lugar en el Santiago Bernabeu, donde España no tuvo ningún tipo de problemas y goleó por 4-1. La vuelta, Turquía dio el golpe y venció por la mínima. En aquella época, las definiciones por diferencia de gol no tenían lugar por lo que españoles y turcos debían batirse a un tercer encuentro, disputado en terreno neutral, para definir al clasificado.
El tercer y definitorio partido tendría lugar en Roma. Previamente, España llegaba a suelo italiano con una notificación de la FIFA, donde no podría incluir a una de sus figuras, el húngaro Ladislao Kubala debido a que estaba sometido a proceso de investigación para ver si cumplía con los requisitos para vestir la camiseta de La Roja. Según la reglamentación de la principal entidad deportiva, para que un extranjero pudiera jugar en otra nación necesitaba haber vivido al menos 3 años en dicho país. Kubala había arribado a España en 1950 pero sus papeles figuraban con fecha de 1951, por lo que debió ser investigado y privado de disputar aquel encuentro definitorio.
Pero yendo a lo que nos compete, España y Turquía saltaron a cancha en Roma para definir quien iría a la próxima Copa del Mundo. Sin embargo, y al cabo de los 90 minutos, la paridad entre unos y otros no pudo quebrantarse y el encuentro concluyó con empate en 2. Cabe destacar que el método de definición por penales aún no había sido inventado por lo que se debió recurrir a un curioso -e inusual- método de resolución.
Y aquí es donde aparece nuestro gran protagonista, Franco Gemma. La forma en la que se definiría si España o Turquía accedían a la próxima Copa fue colocando los nombres de los seleccionados en una bolsa y que un niño con ojos vendados agarre uno. Quien quedara en la mano de Franco, iría al Mundial. El otro, a casa. Creer o reventar.
Franco colocó su mano en la bolsa, agitó por unos segundos y sacó un papel. La inscripción que contenía el mismo decía «Turchie» (Turquía en italiano, escrito de esa manera para llamar a la suerte). En la bolsa, quedó el nombre y el sueño de toda la nación española de participar en la Copa. El futuro a esa fecha dirá que Turquía fue eliminado en primera ronda pero esa será tela para cortar en otra historia. Aquí, dimos a conocer como un inocente niño con la cara vendada fue considerado como Manosanta por algunos mientras que por otros, La Mano Maldita.
