Ya está la fecha, ya están los clasificados, ya están los grupos resueltos. Solo queda esperar para que dé comienzo una nueva Copa del Mundo. Desde Vermouth Deportivo, para palpitar las emociones, recopilamos las mejores estadísticas, historias, anécdotas y sucesos curiosos que han dejado los Mundiales a lo largo de la historia. Hoy, un acontecimiento futbolero mezclado con la política, la sociedad, la desigualdad y la guerra: el jugador que se animó a desobedecer a Adolf Hitler.
Corría la década de 1930 y, con el surgimiento de los primeros Mundiales de fútbol, comenzaron aparecer equipos verdaderamente brillantes. Uno de ellos fue la selección de Austria, por aquellos tiempos apodada El Wunderteam. El elenco austríaco era un modelo futbolístico por su prolijidad en el juego y su vocación ofensiva. Los resultados eran impresionantes y el fútbol mostrado era una de las grandes atracciones de Europa.
Para la Copa del Mundo de 1934, disputada en Italia, Austria logró una actuación brillante y llegó hasta las semifinales. Pero toda esta vorágine no era cuestión de magia. El seleccionado blanco contaba con uno de los mejores jugadores de todos los tiempos: Matthias Sindelar.
Sindelar, de familia judía, era conocido como «El Mozart del fútbol». Un centrodelantero menudito y retacón, pero con una habilidad impresionante para manejar la pelota. Con él, Austria vivió sus mejores años e incluso se dio el lujo de presentar un equipo alternativo para los Juegos Olímpicos de Berlín 1936, donde llegaron a la final. Pero pronto, la época dorada futbolística de este país iba a llegar a su fin.
Con gran margen, Austria se clasificó al Mundial de Francia 1938 y, sin dudas, era el gran candidato a quedarse con el trofeo. Por entonces, el régimen Nazi dominaba gran parte de Europa y, para comienzos de 1938, Austria pasó a formar parte del territorio alemán. Mediante un referéndum, se aprobó el anexo al país germano, y con él, la unión entre ambas selecciones de fútbol.
Para «celebrar la nueva hermandad», se organizó un partido entre «invasores e invadidos», parece un chiste pero es real. De este modo, el elenco austríaco recibió la orden de no anotar goles.
Matthias Sindelar, obedeció hasta donde pudo. En el primer tiempo bailó a cuánto alemán se le cruzara en el camino, pero al momento de hacer el gol, curiosamente tiraba la pelota afuera. Para la segunda parte se cansó: apenas en la primera ocasión de peligro, Sindelar llegó hasta el arco germano y definió con un potente disparo. Pero eso no fue lo peor, porque ante la atónita mirada de todos los espectadores, el ídolo austríaco se paró delante del palco donde se encontraba Adolf Hitler y festejó su anotación con un baile desenfrenado.
Aquel fue el último partido de Matthias Sindelar como jugador profesional, ya que se negó a jugar para la selección alemana. Algunos historiadores dicen que Hitler nunca pudo asemejar la burla del futbolista, que misteriosamente, el 23 de enero de 1939, fue encontrado muerto en su domicilio.