Messi nos deleitó con un golazo de tiro libre un 21 de junio, pero el 22 no podemos dejar de celebrar los treinta años del denominado “gol del siglo”, en los pies del mejor, para algunos, o uno de los mejores, para otros. Lo que no se puede discutir es la belleza de esa memorable corrida de Diego Armando Maradona terminando con el final más feliz para los argentinos.
Año 1986, cuartos de final contra Inglaterra, el odio corría por las venas de todos nosotros por el tan recordado suceso de Malvinas. Queríamos revancha, teníamos al mejor jugador del mundo en cancha y necesitábamos llegar a la semifinal para demostrarle a todos quiénes éramos. Camiseta azul, algo no habitual pero característico en nuestra Selección, empezó a rodar la pelota y se paralizaron los corazones.
Un primer tiempo repleto de emociones, pero sin novedades en el marcador, impacientes los argentinos gritaban y se hacían escuchar en un estadio en el que pocos los querían. Pero con un descanso a los corazones de 15 minutos, arrancó el segundo tiempo y bastaron sólo cinco y medio para que la viveza, la picardía aparezcan.
Una arremetida tremenda de Diego, un pase fallido a Valdano que termina impactando Steve Hodge en forma de centro al punto del penal, y así nació uno de los hechos más recordados por todos, pero más que nadie, por ingleses y argentinos. Maradona, petiso, va a luchar la pelota ante el enorme Peter Shilton, pero esto no lo detuvo, ya que alguien desde lo más profundo de su alma le dijo: “Diego, meté la manito atrás de la cabeza”. Así fue, 1-0 a favor de Argentina. Delirio, protestas, bronca, alegría, todo en un segundo, en un mismo rectángulo de juego.
Pero no iba a quedar todo ahí. Sólo cinco minutos más tarde se iba a dar una de las genialidades más grandes del fútbol mundial. Todo arrancó con un pase de Enrique unos pasos más atrás de la línea central, la toma Maradona y dejó atrás con dos pisadas a Peter Beardsley y Peter Reid que lo presionaban. Arrancó a correr con éste último sobre su zurda quien se dio cuenta que no va a poder alcanzar y cesó su marcha. A la altura de tres cuartos aparece Terry Butcher, solo para quedar en ridículo con un quiebre de cintura de Diego que lo deja pagando, cuando ya localiza el área. Terry Fenwick aparece con toda rudeza a intentar hacer lo último que se podía hacer, pero con un manotazo tampoco logra bajarlo, y ya mano a mano, con Shilton desparramado para tapar el arco, una acomodada sutil para su derecha y una empujada (ayudada por el patadón que Butcher le da desde atrás) termina sentenciando un verdadero golazo, el mejor de la historia.
Esto es todo conocido, el gol de Gary Lineker no quedó más que como un condimento de una de las alegrías más grandes del país, que obviamente desembocó en otro campeonato del mundo. Pasó hace 30 años. Gracias Diego, por todo lo hecho.