En una adquisición de último momento tras la baja de Robert Williams, la franquicia de Massachusetts adquiere al ala-pívot para la próxima campaña.
La temporada baja para los Boston Celtics está siendo un verdadero dolor de cabeza, ya que las malas noticias no paran de llegar. El primer golpe bajo para el actual subcampeón de la NBA llegó hace un mes desde Italia, cuando el seleccionado nacional confirmó que Danilo Gallinari, una de sus más recientes incorporaciones, se había desgarrado el ligamento cruzado anterior de su rodilla izquierda en un partido de clasificación para la Copa Mundial FIBA, ante Georgia.
Cuando las cosas no parecían ir a peor, los problemas se extendieron por fuera de las canchas para Boston: su entrenador, Ime Udoka, fue suspendido por una temporada por haber mantenido una relación íntima consensuada con una trabajadora del equipo, rompiendo así las reglas de la organización. Una vez confirmada su sanción, Joe Mazzulla, quien hasta el momento había sido asistente principal, pasó a ocupar su lugar.
Lejos de apaciguar el shock que causó la violación de normas por parte de Udoka, los Celtics anunciaron a las pocas horas la baja de Robert Williams, que se vio obligado a pasar por el quirófano por unas molestias en la rodilla izquierda que le ocasionó problemas durante los últimos playoffs. El jugador, que ya había sido operado de un esguince parcial en el menisco, optó por realizar un procedimiento artroscópico para retirar elementos sueltos dentro de la rodilla y aliviar la hinchazón que tenía.
El período de rehabilitación se extenderá entre dos y tres meses, según el parte oficial, por lo que Boston no contará con su pívot titular hasta finales de diciembre. Sin embargo, en un maniobra de desesperación para cubrir sus jugadores lesionados, la franquicia de Massachusetts tomó la decisión de incorporar al agente libre Blake Griffin por un año.
El ala-pívot, que integró el plantel de los Brooklyn Nets, promedió 6.4 puntos, 4.1 rebotes y 1.9 asistencias en 56 partidos -24 como titular- disputados la última temporada. Si bien sus mejores días ya quedaron atrás, todavía puede ser un sólido contribuyente desde el banco que puede hacer la vida más fácil para Jayson Tatum y Jaylen Brown.
A sus 33 años, Griffin demostró que todavía le queda algo nafta en el tanque después de impresionar a los fanáticos de los Nets con su energía en los minutos limitados que tuvo durante la postemporada pasada en la que su equipo sufrió una dura barrida contra los propios Celtics. Aunque no tendrá un impactó de juego como lo hizo Williams, al ser uno de los mejores bloqueadores y finalizadores de toda la liga.
Pero la llegada del seis veces All-Star implica cierto riesgo para Boston, ya que durante su etapa final con los Detroit Pistons las lesiones lo acecharon, obligándole a perderse hasta 64 partidos en la campaña 2019/20. El físico de Griffin, principalmente la rodilla, se ha visto comprometido en los últimos años por las reiteradas que lesiones que fueron mermando su mejor nivel.