SELECCIÓN ARGENTINA: ¿Y AHORA, A QUIÉN CRITICARÁ EL PAÍS?

A eso de la 1 de la mañana del lunes gran parte del pueblo argentino hizo notar su tristeza mediante las redes sociales, tras la derrota por penales de la selección comandada por Gerardo Martino ante Chile. Podría haber sido muy doloroso haber perdido la tercera final de manera consecutiva, pero aún más doloroso fueron las consecuencias. Lionel Messi confirmó que no vestirá más la camiseta albiceleste. ¿Qué llevó al mejor jugador del mundo a tomar esa decisión?

Messi llegaba a su cuarta final como el mejor jugador, el goleador, el asistidor y el creador del juego. Prácticamente, el equipo giraba en entorno a él. Se lo veía convencido de que esta Copa América Centenario tenía que ser la suya, y lograr ese ansiado título con el que la Selección argentina sueña desde hace 23 años. Sin embargo, con el correr de los minutos y de las horas, todo cambió.

El Metlife de Nueva Jersey era el escenario. Pero Leo apenas si podía tocar la pelota a mitad de cancha. No era ese jugador desequilibrante que fue a lo largo del campeonato. A penas un tiro libre desde lejos y un remate que fue desviado, tras correr 60 metros fueron las chances que tuvo para romper la paridad. Una paridad que no se rompió a lo largo de los 90 minutos, y tampoco en los 30 del suplementario. Es cierto que a pesar de no marcar la diferencia, fue su mejor final con la celeste y blanca, en cuanto a lo personal. Y también es cierto que si Higuain no hubiera vuelto a fallar un gol increíble, y Bravo no le hubiera tapado el cabezazo a Agüero, se hablaría de otra cosa. Pero esto no ocurrió, la final se definió en penales, y los fantasmas en los argentinos volvieron a aparecer.

Vidal pateó el primero de Chile, y Romero lo atajó. Iba la Pulga. Casi no levantó la cabeza para ver al arquero rival. Pero esa maldición de años volvió a hacerse presente. Leo disparó con su zurda, que tantas alegrías le dieron a los argentinos, y que tantas veces fue criticada por no ser como la de Maradona. Pero esta vez la pelota se fue por arriba, lejos. Se tapó la cara con las manos, se estiraba la camiseta, se lamentaba a pesar de que sus compañeros lo aplaudían. Quedó de rodillas en el pasto mientras la serie se desarrollaba, con lágrimas en los ojos.

En ese momento sentía la presión. Toda recaía sobre su persona. Los argentinos pretendían que Messi le lleve una copa al país que lo vio nacer, al país que le cerró las puertas por un problema de crecimiento. A ese país que Leo eligió representar con solo 17 años, pese a un ofrecimiento de España, quién le abrió la puerta y apostó por él. Los dirigentes de AFA querían esa copa, a pesar de que a los jugadores no les pagaban la cena, los hacían demorarse en los vuelos, y no resolvían la hotelería.

Lionel Messi anunció que se cansó de luchar por ese sueño que tiene de ganar algo con su país, que deja la Selección porque es un bien para todos. Parecía algo que ya había meditado antes ya que muchas críticas caían sobre él cada vez que perdió algo con la camiseta argentina, y ni que hablar en las finales que disputó. Pero pocos se acuerdan de que sin él, no hubiera habido finales. En el último tiempo era el mejor del equipo. El desequilibrante, el que cambiaba los partidos con su sola presencia. No por nada es el mejor jugador del mundo, aunque por ahora, solo lo demostrará en el Barcelona.