Regresó la Liga de Rusia y ya surgió la primera gran polémica: por seis casos positivos en empleados de club, el plantel del Rostov se encuentra en cuarentena y pidió la postergación del partido ante Sochi. La Federación no accedió, debieron presentar una alineación íntegra de Sub-19 y perdieron por un humillante resultado de 10-1.
Tras tres meses de inactividad, la Premier League de Rusia volvió a la competencia durante este viernes. Sin embargo, ya surgió la primera gran polémica girando en el encuentro que enfrentaba a Sochi, peleando por no perder la categoría, ante el Rostov, involucrado en la clasificación a las copas.
Lo polémico de esta historia comienza cuando seis empleados del FC Rostov resultan positivos de COVID-19. Ante este panorama, la dirigencia resuelve que todos aquellos que hayan podido tener algún contacto o moverse por las mismas instalaciones, realicen una cuarentena preventiva de 14 días.
Con esta medida, el plantel completo quedó inhabilitado para disputar el encuentro de este viernes. Por ello, desde la institución de Rostov del Don solicitaron a la Federación el postergamiento del cotejo. Sin embargo, recibieron una negativa por parte de las autoridades de la Liga dado que su contrincante, el Sochi, no aceptaba la moficicación.
Ante este panorama, juveniles de la Sub-19 del Rostov más algunos que integran el Rostov 2003, debieron volar de urgencia a Sochi para hacerse cargo del compromiso, arribando a la ciudad apenas cuatro horas antes del horario establecido para la disputa.
Con una formación repleta de juveniles sin experiencia en Primera, comenzó el juego en el Estadio Olímpico. Si bien las esperanzas de un papel digno por parte de los jóvenes visitantes eran amplias, más aún después del gol inaugural de Romanov al minuto de juego, los experimentados del Sochi no tuvieron piedad: cuatro goles antes del descanso más otros seis en la complementaria para sentenciar un humillante 10-1. Por lo que sucedió en la previa, por la poca solidaridad de los locales y el apabullante marcador, en Rusia ya se lo cataloga como «El juego de la verguenza».