RACING: A 16 AÑOS DEL PASO A PASO

La espera fue eterna, el desenlace de película. Aquél caótico diciembre de 2001 le puso fin a una sequía de títulos locales para la Academia que ya llevaba tres décadas y media sin dar una vuelta olímpica de cabotaje. Mientras el país ardía, cambiaban los presidentes, y el corralito financiero era una realidad ineludible, el «paso a paso» de Reinaldo Carlos Merlo llegaba a su fin con la gloria máxima.

Todo arrancó una noche de lluvia que pareció una bendición y culminó un diluvio vespertino que realmente lo fue. El agua que apagó tanto fuego fue parte de este Racing que se quedó con el Apertura 2001 un 27 de diciembre y que, justamente, hoy se cumplen 16 años de aquella proeza.

La Academia venía de salvarse de la promoción el torneo pasado y había cerrado dicho torneo derrotando a su eterno rival en la vieja Doble Visera por 1 a 0. Para la nueva temporada llegaron muchos refuerzos y la ilusión de todo corazón blanquiceleste que esperaba ansioso cada arranque creyendo que ese sí sería el equipo que finalmente le pondría fin a tanta malaria.

Un viernes 17 de agosto, Racing abrió el telón recibiendo a Argentinos Juniors en el Cilindro. En el primer tiempo, aprovechando la cancha rápida por el agua, Carlos Arano sacó un zapatazo inolvidable que marcó el camino hacia el título. Finalmente fue triunfo local por 2 a 1 para llegar con el pecho inflado al clásico.

Una semana más tarde, en un domingo de invierno, la Academia volvió a la Doble Visera. Nuevamente la ilusión parecía destrozarse cuando Independiente ganaba 1 a 0 y el partido iba directo al epílogo. Sin embargo Ariel Rocha no calculó en la salida, Gabriel Loeschbor ganó de cabeza y el agónico empate se celebró como un triunfo ante el Rojo.

Entresemana se dio una victoria importantísima en Arroyito frente a Rosario Central con un tanto de José Chatruc, después vinieron los dos goles de Diego Milito ante Newell´s y la esperanza se transformó en realidad cuando el equipo, otra vez fuera de Avellaneda, derrotó a Talleres de Córdoba en el otrora Chateau Carreras.

En la sexta fecha y contra Belgrano el Cilindro estaba repleto. La ilusión tuvo un duro golpe con un 0 a 0 que sembró algunas dudas. De hecho, en la jornada siguiente, el conjunto blanquiceleste no jugó bien pero terminó derrotando por la mínima diferencia a Huracán en Parque Patricios con un tanto de Gustavo Barros Schelotto.

Cuando llegó el turno de San Lorenzo, apareció el equipo en su máximo esplendor. Un partido inolvidable de Maximiliano Estévez, otro gol de Loeschbor y una obra maestra de Gerardo Bedoya le permitieron a la Academia golear por 4 a 1 a la escuadra Azulgrana. Y las alegrías siguieron con un triunfo ante Unión en Santa Fe, otro frente a Colón en Avellaneda, la épica remontada en La Plata jugando contra Estudiantes y la gentileza de un Gimnasia que, hasta ese entonces, las hinchadas eran amigas.

A todo esto el primer traspié se dio cuando Boca obligó a Racing a adelantar el cruce entre sí porque el Xeneize debía viajar a Japón por la Copa Intercontinental. Allí los de la Ribera se despacharon con un 3 a 1 sobre los de «Mostaza» Merlo e increíblemente fue River quien celebró semejante victoria de sus primos.

Para colmo la Academia dejó escapar una victoria épica en cancha de Vélez cuando Nueva Chicago le empató el juego sobre el final para sellar un 4 a 4 inolvidable. Sin embargo esa misma noche Colón le ganó al Millonario en Santa Fe y la tranquilidad regresó para Avellaneda.

El camino al título siguió con un ajustado 1 a 0 contra Chacarita Juniors, luego vino un fin de semana de descanso por aquél encuentro ya mencionado en la Bombonera, y en la fecha 16 se jugó una final anticipada en el Cilindro. River llegaba con la ilusión de descontar puntos e incluso ganaba 1 a 0. No obstante, cuando el partido se acababa, Adrián Jesús Bastía le cedió el remate al colombiano Bedoya que, a la carrera y de frente al arco, sacudió contra la red del arco defendido por Ángel David Comizzo para conseguir un empate inolvidable.

Después de ese 1 a 1 contra el Millonario, la gente se desahogó. Lo que todavía era mesura en el plantel y el cuerpo técnico, dejó de serlo del alambrado hacia las tribunas. El cemento retumbó en un solo grito que algunas semanas después se transformaría en realidad: «se viene el Racing campeón».

El sueño de la vuelta olímpica se trasladó a un Ducó con lleno total pero la Academia no pudo derrotar a Banfield a pesar de anotar dos goles que fueron invalidados por un inexistente offside. Oscar Sequeira, árbitro de aquella tarde, quiso que el resultado sea un 0 a 0 que le devolviera un hilo de vida a River. Y «Mostaza» estalló con su frase: «Me cansé, ahora me cansé y vamos a salir campeones».

Entonces llegó el 2 a 0 sobre Lanús con un Cilindro expectante pero que no pudo concretar la vuelta olímpica porque el Millonario también había hecho lo mismo. La gloria estaba a la vuelta de la esquina, era cuestión de esperar una semana… o más. Porque el 19 y 20 de diciembre el país entró en crisis y el fútbol decidió parar la pelota.

El destino parecía estar marcado a fuego pero la ansiedad no podía esperar hasta el año siguiente. Como si fuese un decreto de necesidad y urgencia, se fijó que el 27 debían jugar mínimamente los competidores directos al título. Y así lo hicieron. River goleó por 6 a 1 a Rosario Central mientras que los de Merlo viajaron al José Amalfitani.

Loeschbor hizo delirar a la Academia con un cabezazo que habrá sido posición adelantada pero a su gente poco le importó. Empató Mariano Chirumbolo para Vélez y el título pendía de un hilo. Hasta Gustavo Campagnuolo, magnífico arquero de aquél plante, le suplicaba al referí que acabe con el suplicio.

Gabriel Brazenas se apiadó y marcó el final de una pesadilla que duró 35 años. El Paso a Paso se terminó. Hace 16 años Racing volvía a dar una vuelta olímpica a nivel local a pesar de la crítica realidad que atravesaba el país. Pasó más de una década y media y todavía se sigue festejando aquél título de campeón indiscutible del Apertura 2001.

Acerca de Marcelo Patroncini 24419 Articles
Nació en agosto de 1982. Leonino y soñador. Desde chico jugaba a ser periodista con la máquina de escribir que había en su casa. Amante del fútbol, la gastronomía y los viajes. En 2005 fundó Vermouth Deportivo junto a Fran Alí.