Por dónde arrancar, ¿no? Una carrera gigante como su persona, con esta historia de amor que comenzó oficialmente un 18 de junio de 1999 y terminó un 3 de agosto de 2021. Luis Alberto Scola -el superhéroe, la bandera del país, el capitán, y muchos más adjetivos que van con su persona- se retiró a sus 41 años de la Selección Argentina de Básquet. Desde Ciudad Jardín hasta la estación final, Tokio, Scola pasó por todos los caminos, los buenos y los malos, por el cielo de los dioses griegos en Atenas 2004 y por la incertidumbre con el miedo de no poder jugar más en 2011. Luego de 22 años, llegó el punto final, la despedida, un “descanso en paz”, según dijo post eliminación.
Los Juegos Olímpicos de Tokio no van a ser uno más, al menos no para el básquet (y para el deporte) argentino. Fueron los últimos que tuvieron presencia del último integrante de la Generación Dorada. El legado queda, el mando pasa y otro jugador, o varios lo tomarán con la misma responsabilidad que lo hizo el 4 en Las Vegas, allá por el 2007. La persona con más presencias en la selección nacional, máximo anotador de la Argentina, cuarto máximo anotador en la historia de los Juegos Olímpicos, segundo máximo anotador en mundiales, y muchos méritos personales más son los que acompañan el pasillo de su despedida, de su cierre de etapa.
Es el que nunca puso excusa de nada, siempre estuvo presente, no dejó una oportunidad afuera. Se propuso estar en el 2020 para Tokio, pandemia de por medio la fecha se estiró un año más y ahí se paró, dentro del parquet, como en aquel sudamericano de Bahía Blanca en 1999, y llegó a estar junto a su amada selección dentro de los ocho mejores.
Un jugador que marcó un antes y un después, que fue el ejemplo de muchos entrenadores, dirigentes y jugadores, una figura humana que acepta el error y se hace amigo del mismo para poder superarse. Un Luis Scola, en su máximo esplendor, que dejó todo y más por la camiseta, por Argentina, pero sobre todo, por él. Aunque el resultado final no fue el esperado, la lluvia de reconocimiento llegó. A falta de un minuto para que culmine el partido frente a Australia, todo el estadio, los de la Villa Olímpica y nosotros desde casa, nos paramos para aplaudir la salida de un señor básquet, la salida para siempre de un ídolo del deporte.
Con toda su magia, su talento, su capacidad de anotar puntos, de hacer mejores a los que lo rodean, su garra y dedicación para con la selección, el oriundo del Palomar volvió a hacer emocionar al mundo de la pelota naranja. Demostró, una vez más, que el resultado final no lo es todo, que el proceso y el trabajo fuera de partido se ve y se nota, que es un grande entre los grandes, uno de los mejores deportistas de nuestra historia. Por su parte, la emoción fue imposible de contener cuando vio a todo el público del estadio aplaudiéndolo, las lágrimas abrazaron su cara como lo hubiésemos hecho muchos de nosotros. Y con la mirada al piso, vivió los últimos segundos en una cancha con la camiseta argentina.
Entre tantos títulos de su carrera, Scola fue medalla de Plata en el Mundial 2002, bronce en los Juegos Olímpicos 2008 y subcampeón en el Mundial de 2019, pero sobre todas las cosas se coronó en lo más alto cuando consiguió, junto a su grupo de guerreros, la medalla de oro en Atenas 2004. Su trayectoria por el camino forjando El Alma se llenó de trofeos, individuales y en equipo, pero su amor por la selección nacional estuvo siempre, según dijo en una nota para el programa Capitanes de Deportv: “la camiseta argentina es la única que no cambia, nunca lo hace, es mía y ya está”.
Los logros son un complemento para lo que Luifa significó tanto en el básquet argentino como en el deporte internacional. Su persona es reconocida en todas partes del mundo, llegó a ser ídolo NBA en Houston Rockets, siempre fue un maestro para los demás, abrió su mente al conocimiento, para sumar siempre desde el lado que sea, hablando o haciendo silencio. Luis Scola es el mismo hombre que se encerró durante tres meses en un galpón en el medio del campo para el Mundial de China, el que estuvo en todos y cada uno de los torneos donde se presentó la albiceleste, es el mismo que mantuvo su esencia, humildad y sinceridad con el paso del tiempo, así como también es el mismo que se plantó en contra de las injusticias y malos manejos dirigenciales que laceraron a las selecciones mayores, menores, masculinas y femeninas. Es una persona que, a sus cuarenta y un años, jugó su quinta cita olímpica ante los mejores del mundo y fue igual de protagonista que años anteriores.
Se terminaron las guerras, las luchas, las batallas, se terminó todo. Ahora es el momento de descansar, de estar con la familia que hace más de tres meses no ve, es momento de un merecido tiempo muerto, o de la chicharra final con el cronómetro en cero. Si bien es desde el 2017 que la nueva generación empezó a hacerse cargo del equipo, ahora es el turno de los pibes de agarrar por completo lo que Scola dejó y hacerlo propio, con un sello.
Sin dudas que el 4 deja un legado enorme y, en este humilde texto, te agradecemos a vos capitán, a vos que bancaste las mil y una, que diste escuela de cómo ganar en equipo, a vos que con 41 años te tirabas al piso como cuando eras un pendejo, a tu sentimiento por la camiseta, a tu serenidad a la hora de hablar, y a tu persona. Con lágrimas en los ojos, Gracias Luis. Gracias capitán. Hasta luego.
