NIGERIA 1 – ARGENTINA 2: EL TERMÓMETRO DE LOS HINCHAS

Argentina vivió una noche tan épica como inolvidable debido al agónico grito de Marcos Rojo que depositó a los nuestros en los octavos de final de la Copa del Mundo, donde el próximo rival a barrer será Francia. Distribuidos en varias zonas del Arena Zenit, Vermouth Deportivo cuenta como fue el termómetro de los hinchas según se dieron los sucesos.

La noche de San Petersburgo será inolvidable para todos los hinchas presentes en el Arena Zenit. Argentina, habiendo jugado de muy mala manera sus dos partidos previos, igualando con Islandia y perdiendo con Croacia, llegaba con la urgencia de ganar ante Nigeria -y esperar un resultado favorable croata- para seguir con vida en Rusia 2018 y no consumar una eliminación tan prematura como vergonzosa.

Con las tribunas prácticamente repletas y en su mayoría vestidos con la Blanquiceleste, en los minutos previos al comienzo del cotejo se llenaban alegría y optimismo, al margen del notorio nerviosismo ante la posibilidad de despedirse. Los cantos empezaron a caer con el fin de transmitirle apoyo y acompañamiento a los jugadores.

 

DURANTE LA PRIMERA MITAD:

Desde el primer minuto, Argentina intentó adueñarse del esférico e imponer condiciones en busca del primer tanto. Cada vez que el capitán de los nuestros acariciaba la número 5, los hinchas se lo reconocían con fuertes aplausos y gritos. El cántico de «que de la mano de Lio Messi, todos la vuelta vamos a dar» no tardó en llegar.

Todo se acrecentaría cuando, antes del cuarto de hora, Éver Banega entregaría un gran pase filtrado para que Messi la baje con la zurda y remate cruzado con derecha, uniendo a la mayoría de los presentes en un grito de gol. Ahora sí, con la ventaja a su favor y el dominio de los de Jorge Sampaoli, más el empate que no se modificaba en el Rostov Arena, la euforia se hizo notoria y, al cabo de los 45 minutos, aplausos y canciones como «Esta hinchada loca deja todo por la Copa, la que tiene a Messi y Maradona» sonaban constantemente.

 

EL EMPATE DE NIGERIA Y LOS MINUTOS POSTERIORES:

Tan sólo habían transcurrido cuatro minutos cuando Javier Mascherano tomó a un contrario dentro del área para provocar que el árbitro turco sancione la pena máxima. Victor Moses se hizo cargo de la ejecución, rematando contra su derecha mientras que Franco Armani se inclinó por el otro lado, estableciendo el 1-1 y levantando a los africanos en las tribunas.

Los argentinos, por su parte, intentaron no sentir el golpe y transmitirle apoyo a los suyos pero, mediante transcurso de los minutos y la falta de idea de los jugadores en el terreno para romper la paridad, fueron apagándose. Más allá del «Argentina vamos, ponga huevo que ganamos» y algún que otro tema, el Arena Zenit fue llenándose de tensión y nerviosismo sabiendo que, con ese resultado, la eliminación en primera ronda era la que prevalecía.

 

GOL DE MARCOS ROJO Y CLASIFICACIÓN AGÓNICA:

El tiempo se agotaba. Quedaba muy poco para jugar. Argentina no podía y los cambios implementados por Sampaoli parecían no surtir efecto. Sin embargo, y de manera milagrosa, Gabriel Mercado desbordó por derecha y colocó un preciso centro para que Marcos Rojo, en posición de delantero y con su pierna inhabil, estampe una volea que desate la locura en todas las tribunas. Y la palabra locura es la que mejor se adecua a lo vivido dado que los gritos se hicieron protagonistas, las camisetas volaron por los aires y los abrazos entre desconocidos repercutieron en los cuatro costados.

Con la ventaja y la nueva clasificación, sumado a la manera en como se resolvieron las acciones, el Estadio se convirtió en una caldera de cánticos de Argentina donde, una vez más, el que más fuerte se escuchó fue aquel de «de la mano de Lio Messi«. El partido concluyó, el grito de triunfo -con una mezcla de desahogo y alivio- estalló y llegó el momento del «oh, soy argentino, es un sentimiento, no puedo parar» al revoleo de camisetas.

Lejos de retirarse apenas concluido el partido, muchos decidieron quedarse para no despertarse de ese mágico momento vivido. Tal es así que, hasta media hora después del pitazo final, los de la Albiceleste seguían en las tribunas abrazándose, cantando y más de uno, llorando de emoción por lo sucedido. Por supuesto que la historia no finalizó allí dado que las inmediaciones, los metros y el centro de San Petersburgo se revolucionaron de tanto hincha feliz festejando y sosteniendo el sueño mundialista luego de varias horas -y días- donde todo pareció una pesadilla.

Acerca de Lautaro Castiglioni 5483 Articles
Nació en febrero de 1996 bajo el apodo de "Laucha". En sus jóvenes años se volcó al fútbol y al basket para convertirse en un erudito del periodismo deportivo. Dueño de una pluma intachable y de una madurez envidiable. Su cable a tierra está en Pergamino.