Por: Ignacio Miranda | @nachomiranda14
Siempre va a haber gente que dude de vos, que crea que no podés, que no estás listo. Pero la realidad es que quien decide todo eso es uno mismo, y a Stephen Curry se lo hicieron entender. Es por eso que consiguió un sinfín de galardones a pesar de que siempre se lo puso en tele de juicio. Ésta es su historia.
“Nunca vas a llegar a la NBA”, “sos muy pequeño para jugar al básquet profesional”, “es un buen tirador, pero tiene un historial poco favorable de lesiones”. Esas y muchas otras críticas recibió Stephen Curry antes de revolucionar el básquet para la eternidad a partir de una de las mejores mecánicas de lanzamiento de la historia, desafiando límites en cada pique y atreviéndose siempre a ir por más.
Su vida en todo momento se centró en disipar los pensamientos de quienes se atrevieron a dudar de él y en sobreponerse a cual dificultad se le presente. Desde sus primeras frustraciones en el circuito AAU hasta los comentarios negativos en Davidson University y los constantes golpes en los tobillos durante sus primeros años en Golden State, el hijo de Dell Curry se encargó de demostrar que nadie lo podía parar.
Para entender su historia, hay que remontarse a su infancia y al rol de su padre, quien fue un jugador de la NBA. Nacido en Akron, Ohio, en el mismo hospital que LeBron James, Stephen aprendió a ser un trotamundos desde pequeño, mudándose luego a Charlotte por el trabajo de Dell, acompañado de su mamá Sonya y de su hermano Seth.
Tanto Seth como Stephen no tuvieron otra alternativa y el básquet los abrazó desde el primer respiro. A menudo, Dell llevaba a los hermanos Curry a sus juegos, donde disputaban infinitos partidos de uno contra uno entre ellos y se divertían con los compañeros de su papá en los Hornets durante los calentamientos.
Su infancia transcurrió de manera tranquila, pero a temprana edad aprendió a reponerse a los contratiempos. Su primera mala experiencia se dio en la fase final de un torneo AAU que se jugó en Tennessee, cuando falló un tiro para ganar el partido. Eso lo frustró por completo y hasta se planteó la posibilidad de dejar el básquet. Ni siquiera llegaba a los 1,70 metros y era extremadamente flaco. Las cartas no estaban a su favor.
Su madre, Sonya, tuvo que traerlo de nuevo al buen sendero y simplemente le dijo: “Steph, sólo te lo diré una vez. Después de eso, este sueño de básquet… será lo que será. Pero esto es lo que diré: NADIE puede escribir tu historia excepto vos. No algunos scouts. No es un torneo. No son estos otros niños, que podrían hacerlo mejor. Y nunca tu apellido. Ninguna de esas personas, y ninguna de esas cosas, llegará a ser el autor de tu historia. Sólo vos. Así que pensalo bien. Hacelo a tu tiempo. Y luego vas y escribís lo que quieras escribir. Pero tenés saber que esta historia es tuya”.
Eso fue todo lo que necesitó Stephen para no abandonar el básquet. Luego, la familia se mudó brevemente a Toronto, donde Dell terminó su carrera como miembro de los Raptors. Durante este tiempo, Curry jugó para Queensway Christian College y tal fue su nivel que los llevó a una temporada invicta, en la que no perdieron ningún partido. También fue miembro de Toronto 5-0, un equipo del club en Ontario, en donde pudo enfrentarse a otros futuros NBA como Cory Joseph y Kelly Olynyk. Allí, Stephen guió al equipo a un récord de 33–4 para ganar el campeonato provincial.
Después de la jubilación de Dell, la familia se mudó de nuevo a Charlotte y Curry se inscribió en Charlotte Christian School, donde lo nombraron All-Conference y All-State, guiando a su equipo a tres títulos de conferencia y tres apariciones en PlayOffs en el torneo estatal. Debido a la histórica carrera de su padre en Virginia Tech, Curry quería jugar a nivel universitario para los Hokies, pero sólo se le ofreció un lugar sin ser becado deportivamente debido -en parte- a su esbelta figura. Así fue que decidió tomar un radical camino y se fue a Davidson University.
Con dudas, pero con el apoyo de sus padres, Stephen llegó a su nuevo destino cargado de sueño y con una liviana mochila. Apenas portaba dos pares de zapatillas y deseaba demostrarles a todos que podía cargar la cruz de Dell sin presión. El descaro que mostró en la secundaria se acrecentó en la NCAA y tomó por asalto el torneo, promediando 25,3 puntos y 3,7 asistencias en su primera temporada.
Repitió credenciales en la segunda campaña, aumentando su promedio de tantos a 25,9 y poniendo a Davidson en el mapa a base de estratosféricos triples y un básquet alegre que, poco a poco, llegaba para quedarse. Sus rendimientos se tradujeron en reconocimientos y en su año de sophomore logró el premio por ser el jugador más destacado de la Midwest Region en el certamen.
Después de la derrota de Davidson contra Kansas en las Finales Regionales de la NCAA, Curry anunció que regresaría para su tercer año, ya no como escolta, sino como guardia. Quería desarrollarse de base, que era su posición más probable en la NBA.
La leyenda de Curry se dio cuando superó la marca de 2.000 puntos de su carrera el 3 de enero de 2009, anotando 21 contra Stamford. Aproximadamente un mes después, el 28 de febrero, Stephen no se conformó con lo anterior y se convirtió en el máximo anotador de todos los tiempos de Davidson (2.488) con 34 unidades en la victoria 99-56 contra Georgia Southern.
En su última temporada en Davidson, Curry terminó aumentando sus promedios hasta los 28,6 puntos, 5,6 asistencias y 2,5 robos. Fue el líder en tantos de la NCAA en la 2008/09 y fue nombrado para integrar el primer equipo All-American. Con su reputación por el techo y, a pesar de las críticas de algunos scouts que dudaban de su físico, optó por dejar la universidad y presentarse al Draft de la NBA.
“Doug Gottlieb era un gran analista del Draft en ese momento y dijo que había seis bases mejores que yo. Además, Sports Center publicó un tuit suyo al respecto”, es una frase que supo confesar Curry luego, usando –nuevamente- a las críticas como motor, aceptando y mentalizándose que debía luchar mucho para honrar el nombre de su padre en la NBA.
Aún así, los Warriors confiaron en su habilidad y vieron en él un diamante en bruto que podría llegar a darles grandes satisfacciones en el futuro. Lo seleccionaron en el 7 del sorteo de 2009 y el tiempo les demostraría el robo que el de Davidson significaría.
Su primera temporada empezó de la mejor manera, promediando 17,5 puntos y dando muestras de su incontenible talento. Lo mismo ocurrió en la segunda campaña en el profesionalismo; pero a partir de ese instante, la vida lo puso de nuevo a prueba. En mayo del 2011 se sometió a una cirugía en su tobillo derecho y las ramificaciones se presentaron con el tiempo.
En la 2011/12 se perdió 40 partidos por culpa de la lesión que lo tuvo a maltraer y, otra vez, las dudas que se habían callado en los dos primeros años hicieron ruido. ¿Se mantendrá sano? ¿Finalmente su físico dijo basta? ¿Deben renovarle los Warriors? Claro que sí. Golden State, como al inicio, confió en él y le dio una renovación por cuatro temporadas y 44 millones de dólares.
Curry respondió y no defraudó a los Warriors, promediando máximas en su carrera en la 2012/12 con medias de 22,9 puntos y 6,9 asistencias, erigiéndose como el líder de un joven conjunto que prometía y creando una gran dupla con su Splash Brother, Klay Thompson.
Ambos fueron rodeados de otros prospectos en los que pocos confiaban, como Draymond Green, junto con soldados como Harrison Barnes y Andre Iguodala. La frutilla del postre llegó en la 2014/15, cuando Steve Kerr reemplazó a Mark Jackson en la dirección técnica. Desde ese momento, Curry y los Warriors establecieron una de las dinastías más sorprendentes de la NBA, ganando en esa campaña el primero de sus tres anillos en un lapso de tres años (incluidas dos finales perdidas en 2016 y 2019).
En aquella temporada, Stephen fue elegido el MVP de la regular y luego, en la 2015/16, repitió la condecoración de una manera histórica, siendo el primer jugador más valioso de forma unánime, promediando 30,1 puntos por partido y revolucionando el básquet desde su base con triples a la carrera y transiciones que rompían los dogmas de los puristas de la naranja.
Tres anillos, muchos premios y, por sobre todas las cosas, una nueva forma de reinventar el deporte, siempre en equipo y con múltiples figuras. Los Warriors dejaron en claro que no iban a ser fugaces y Stephen los guio al éxito.
En la actualidad están deseando volver a ser lo que fueron, y Curry viene entrenándose para callar a los críticos de nuevo. Entre dudas, juicios de valor y un ruido estremecedor, Stephen sigue siendo aquel acérrimo tirador al que no le importa más que el aro y la diversión. Para él, es como escribir en el pizarrón con un marcador, pero para sus rivales es un auténtico dolor.