La NBA podría contar con diversos problemas en su organización si la postura de un grupo de jugadores -que rechaza la oportunidad de finalizar la temporada 2019-20 en Orlando- llega a buen puerto, ya que se perdería mucho dinero por los partidos no jugados.
El panorama se encuentra polarizado. El pasado viernes, Kyrie Irving se mantuvo al frente de un grupo de integrantes de la NBA que no están de acuerdo con reanudar la competencia en Disney, ya que Estados Unidos atraviesa un momento de protestas sociales en búsqueda de la igualdad social y piensan que el regreso de la liga podría interferir en las manifestaciones. Mientras que LeBron James dejó en claro que quiere jugar, bajo el pensamiento de que se puede utilizar el complejo de Orlando como lugar para que sus voces tengan más impacto y así lograr un cambio.
La decisión de cada jugador será subjetiva y personal, pero también es importante que los atletas sepan que el reclamo no es lo único que está en juego. Perder el resto de la temporada inevitablemente resultará en un lockout (cierre patronal).
Por ejemplo: el mismo Irving, que está siendo apuntado porque no será parte del reinicio por lesión, perderá entre 6 y 7 millones de dólares. Además, su salario de $33.3 millones también peligra para la próxima temporada, en el caso que la NBA decida romper el acuerdo de negociación colectiva (CBA).
El CBA es la columna vertebral de la liga, que estipula todo, desde la división de los ingresos relacionados con el básquet, hasta los salarios mínimos y máximos de los jugadores. Dentro del reglamento, la NBA tiene “derecho de rescindir este acuerdo tras la ocurrencia de un evento de fuerza mayor”.
Uno de los factores incluidos es “epidemias”, y el CBA desglosa cuánto afectará a cada jugador en el salario por partido cancelado (1/92.6). Si Irving y los jugadores obtienen suficiente apoyo para que la Asociación Nacional de Jugadores de Baloncesto (NBPA) se retire del acuerdo de reanudar, como habían votado, la NBA respondería indudablemente con rescindir el contrato por fuerza mayor.
Según reportó hace un mes Adrian Wojnarowski, de ESPN, el comisionado Adam Silver dijo: “El CBA no fue construido para una pandemia prolongada. No hay un mecanismo que funcione para establecer adecuadamente el límite cuando hay tanta incertidumbre; cuando nuestros ingresos podían ser de $10 mil millones o podrían ser de $6 mil millones. O menos”. En otras palabras, la NBA está lista para un bloqueo si es necesario para reconstruir un nuevo CBA, que se pueda adaptar a las circunstancias actuales. Sin fuerza mayor, la liga o el sindicato tienen hasta el 15 de diciembre de 2022 para excluirse del acuerdo actual.
Si bien se estima que para la temporada 2020-21, la situación del Coronavirus se haya calmado, no están preparados para contar con fanáticos en los estadios. Esto daría una pérdida del 40% de los ingresos de la liga. En lugar de un límite de $115 millones, podría caer muy por debajo de los $100.
Una vez que se vean obligados a negociar un nuevo CBA, no hay garantía de que resulte bien para los jugadores. Los propietarios de los equipos tienen un pozo de recursos para sobrevivir a un asedio de bloqueo en comparación con los 450 a 500 competidores. Por cada LeBron James o Kyrie Irving, hay pocos jugadores que tienen la suerte de estar más de cuatro o cinco años en la NBA.
Desde un punto de vista económico, los jugadores tienen que esforzarse por regresar, tanto para proteger sus ingresos para esta temporada y las siguientes. Que algunos estén dispuestos a perderlo por una lucha colectiva es admirable, pero ese financiamiento podría ayudar a combatir la injusticia racial de otra manera. El camino podría estar por utilizar las canchas como medio y así liderar un cambio, como dijo el Rey.