
Así fue cómo el piloto neerlandés se consagró campeón por primera vez en la Formula 1. Lo hizo en la última vuelta de Yas Marina, bajo un mecanismo extraño del safety car y frente a Lewis Hamilton.
Para vencer a un siete veces campeón del mundo como Lewis Hamilton es necesario tener talento, frialdad y coraje. Max Verstappen reúne estas condiciones y las maximiza. Va al límite. Por eso, el neerlandés consigue su primer título en la Fórmula 1. En la última vuelta, la más importante. Sobre el final, pero bajo un procedimiento del auto de seguridad poco habitual: los rezagados liberan el camino para dejar al de Red Bull y al de Mercedes mano a mano.
Las intenciones de cada contendiente y la largada
Con 395,50 puntos, Max y Lewis llegan empatados a Yas Marina, circuito de Abu Dhabi. Hay tensión y expectativa en el ambiente. El piloto de la organización austríaca es el más rápido en la clasificación del sábado. Es una ventaja importante, pero está lejos de asegurar un triunfo. Todavía queda trabajo por realizar. Y el heptacampeón quiere revertir la situación para convertirse en el máximo ganador de la historia. Ya lo es, pero desea separarse de Michael Schumacher, con quien comparte esa estadística.
Se apagan las luces del semáforo y el de Mercedes toma la delantera en un instante. Aprovecha que su cajón de largada le otorga la línea interna de cara a la primera curva. Verstappen, por su lado, queda detrás. La vuelta inaugural es una disputa de alta intensidad. Se debaten el liderato metro a metro. Pero el británico logra distanciarse. Tiene un rendimiento sólido y girar con aire limpio (sin autos en frente) lo beneficia para encontrar el balance de su monoplaza. La victoria parece irse con Hamilton.
Nicholas Latifi y Michael Masi, actores inesperados
Llega la 53ª vuelta y ocurre lo inesperado. El Williams de Nicholas Latifi se estrella contra un muro y obliga al despliegue del safety car. Red Bull, como respuesta, llama a su piloto principal a los boxes y le coloca un juego de neumáticos blandos -los más rápidos- nuevos. No tiene nada que perder. En Mercedes, por su lado, dejan a Hamilton en la pista: líder, pero con ruedas desgastadas y lentas. Pese a estar primero y segundo, no se encuentran uno al lado del otro en la fila india. Hay rezagados en el medio.
La responsabilidad recae en alguien que no es piloto. Michael Masi, director de carreras de la FIA, decide que los autos doblados superen al vehículo de seguridad. Esto beneficia al de Países Bajos, ya que sus ruedas tienen prestaciones superiores. Con un giro para el final, Max y Lewis van a correr uno contra uno, aunque sin igualdad de condiciones. Al de Red Bull poco le importa. Acelera con violencia y prepara el adelantamiento de forma precisa. Lo supera en la curva cinco, el lugar perfecto para dejar sin respuesta a su rival.
Fin de una dinastía y el nacimiento de una leyenda
Lo que resta es alcanzar la bandera a cuadros. El joven vence al experimentado. El dominio del equipo alemán llega a su fin. Cruzan la meta y los fuegos artificiales contrastan con la oscuridad de la noche. En el garaje perdedor dice presente la tristeza y el enojo por la decisión final del director de carreras. Quizá con razón. Pero la historia la cuentan los que ganan. En este caso, la coronación es de Red Bull. La radio de comunicación de Max Verstappen, ahora campeón del mundo, es saturada por un sinfín de elogios y celebraciones.
Ya fuera de los monoplazas, los protagonistas de la temporada se saludan y abrazan. No mucho más. Ambos saben que existen rispideces en su relación deportiva, pero comprenden que no es el momento de hacer reclamos ni objeciones. Cierran un año de competencia intenso: 22 carreras, accidentes entre sí, podios, viajes y más. Una definición histórica. Polémica. Para estudiar. Pero tan trascendente como inolvidable.
Be the first to comment