Diego Armando Maradona cumpliría 63 años y no podemos dejar de pensar en él. Dueño de una zurda eterna, dejó una huella imborrable a fuerza de talento y jugando flameó la bandera Argentina en cada país del planeta
Brilló en Argentinos y Boca, cambió para siempre la historia de Napoli, y con una actuación individual memorable impactó de lleno en la histórica victoria en la Copa Mundial de México 1986.
Nacido en el Policlínico Evita de Lanús, criado en Villa Fiorito por sus padres correntinos Diego Maradona y Dalma “Tota” Franco, Diego Armando Maradona llegó a este mundo condenado al barro, donde solo un milagro podía ofrecerle todo lo que le terminaría ocurriendo.

Y ese milagro ocurrió jugando al fútbol, sumergido en la inocencia infantil de los Cebollitas, división menor de Argentinos Juniors. Ocurrió en esa primera entrevista al nene que dejaba a todos boquiabiertos haciendo malabares en los entretiempos del primer equipo, allí donde el Diario Clarín lo presentó públicamente como “Diego Caradona”.
Ocurrió en su debut en Primera División, con Argentinos Juniors, con 15 años y aquel caño al Coya Cabrera, también 130 días más tarde cuando se presentó por primera vez con la Selección Nacional de Menotti, en la Bombonera y ante Hungría.
Ocurrió cuando superó los 100 goles en el Bicho, cuando fue máximo anotador del Fútbol Argentino en cinco ocasiones, cuando lo compró Boca y fue Campeón, también llegando al Fútbol Europeo para vestir la camiseta del Barcelona.

Ocurrió en la inexplorada Nápoles, donde a fuerza de talento Maradona dio vuelta la península colocando al Napoli en la cima del Fútbol Mundial. Ocurrió en México 1986, su segunda Copa del Mundo, donde grabó a fuego su zurda en la memoria colectiva de la Patria Futbolera, y la no futbolera también: Todos apretamos el puño tras el primer gol a Inglaterra, todos corrimos con él en el segundo. Y lo seguimos haciendo.
Ocurrió en esa ínfima revancha, minúscula e incomparable, pero eterna. El Argentina vs Inglaterra de 1986 fue una pequeña gota sanadora que cayó sobre la gigantesca herida que dejó la Guerra de Malvinas en el Pueblo Argentino.

Ocurrió cada vez que se puso la Celeste y Blanca. La Copa Mundial fue una extensión de su cuerpo, imagen todavía vigente e imborrable, como el también legendario dulce de Qatar 2022 dejó en claro.
No todos sufrieron su caída, las lágrimas del Mundial 90, los escándalos en Italia y sus turbulentos pasos por Sevilla y Newell´s Old Boys de Rosario. Todos entrenamos con él cuando se preparó como un superhéroe para Estados Unidos 1994, no hay corazón que no se partiera en mil pedazos cuando le cortaron las piernas.
Quemó sus últimos cartuchos en Boca luego de transitar su sanción deportiva poniéndose el buzo de entrenador en Mandiyú de Corrientes y Racing Club.
Fue detenido, declarado muerto, compinche de Fidel Castro y atravesó un sinfín de situaciones personales que fueron, (¿lógicamente?), materia de conversación en cada rincón del planeta. Algunas de ellas repudiables, sin justificación posible, aun sin poder siquiera imaginar la presión de la extrema exposición.

Tuvo su merecida oportunidad como Seleccionador Argentino en un Mundial. Nos quedará el recuerdo de su intrépido equipo y también el de la dolorosa eliminación. Se radicó en los Emiratos Árabes, allí donde completó su estadía más larga fuera de Argentina, siguiendo su carrera de entrenador. Fue presidente de un club en Bielorrusia, nos llenó de ánimos con una gesta trunca en Dorados.

Volvió al Fútbol Argentino para dirigir Gimnasia de La Plata, en una venida bastante diferente a la de los textos sagrados. Pero las luces de su vuelta nos enceguecieron, y las multitudes tardamos en entender, o en aceptar, que no todo estaba bien.
Pasó de la pobreza a la vida sin necesidades y con lujos, pero esto no le quitó una fuerte sensibilidad social. Siempre haciendo política, siempre en las antípodas del poder acumulado en perjuicio de los que menos tienen. Otro ítem que enamora, que resulta imperdonable para tantos.
Hoy Maradona cumpliría jóvenes 63 años. Y habiendo escrito tanto, hoy escribimos que cumpliría y no que cumple, lo que nos resulta imposible de digerir.

Fue morocho, rubio, flaco, gordo, joven, viejo, lúcido, negado, violento, bocón y reflexivo; voló en el campo de juego y muchas veces le costó desplazarse sin ayuda, transformó frases en axiomas nacionales y siempre encandiló con su presencia.
Su partida fue una puñalada a nuestra inocencia, a nuestros sueños, a la fantasía de correr una pelota. Su funeral público suspendió la pandemia por un par de días, pero no hay Maradoniano que asome la mirada por detrás del hombro y espere verlo nuevamente ahí, sonriente, con una pelota en el pie.
Salud Diego, feliz cumple, gracias por hacernos soñar. Y, si en una de esas, podés, volvé.