Los ideales en el fútbol resultan casi míticos. Nunca se podrá contentar a unos ni a otros al mismo tiempo y la historia lo demuestra con el paso de los años. En muchos aspectos se ha evolucionado en nuestro amado deporte pero siempre resta algo por redondear. Las «malditas» estadísticas dejaron a las reservas de Almirante Brown y San Miguel igualados en todo (puntos, goles y resultado entre sí) en el triangular final de la competencia. Los números fueron idénticos y se procedió a un sorteo en la Asociación del Fútbol Argentino que decretó el título de la Fragata.
¿Es lo más adecuado teniendo en cuenta el esfuerzo de ambos clubes para llegar a esa instancia? No. ¿Ese tipo de modalidad está en el reglamento? Sí. Es un caso aislado, casi un accidente pero que, como ha ocurrido, puede ser realidad. Aunque ¡cuidado!, hasta el reglamento de la Copa Mundial de la FIFA Rusia 2018 tiene un caso particular que conlleva a un sorteo. Es casi improbable que ocurra aunque está contemplado. El torneo más importante a nivel mundial de fútbol posee un escalón más en la posibilidad de un sorteo para determinar un ganador. Debe ocurrir lo típico e idéntico a la lógica: si dos equipos en la fase de grupos igualan en puntos, diferencia de gol y goles a favor y en contra y, al mismo tiempo, empataron el partido entre ambos. Sin embargo, la FIFA tiene en cuenta otro detalle: el «mayor número de puntos obtenidos por deportividad en función del número de tarjetas amarillas y rojas que hayan recibido los equipos en todos los partidos de la fase de grupos». Por una amarilla te restan un punto (-1), por segunda amarilla/roja, -3: roja directa, -4; y amarilla y roja directa, -5. Ese es el puntaje que se tendría en cuenta en caso de igualdad completa entre dos selecciones durante la zona de grupos. Si las casualidades de la «vida» dan un empate hasta en el Fair Play, se tendría que realizar un «sorteo efectuado por la comisión organizadora de la FIFA».
Pasa en la competencia futbolera por excelencia, ¿por qué no puede ocurrir en nuestro país?
Dieciocho años antes hubo un caso que se adapta a lo sucedido entre la Fragata y el Trueno Verde en el torneo de Reserva de la B. En el Mundial de Italia 1990, Holanda e Irlanda quedaron empardados en el 2º y 3º puesto del Grupo F con 3 puntos y 3 empates sin goles. Aquí no hubo que preocuparse por una eliminación debido a que en esos tiempos, como habían seis grupos pasaban los mejores terceros. Lo que restaba por definir era quién salía en cada posición por los rivales que debían enfrentar. Se realizó un sorteo y los irlandeses salieron beneficiados. El segundo puesto de los hombres verdes lo llevaron a chocarse con Rumania y la «suerte» lo haría pasar a cuartos por penales (5-4) tras una igualdad sin goles. Los holandeses perdieron en todo sentido: quedaron terceros y debieron toparse con Alemania. Derrota 2-1 y eliminación.
Otro ejemplo pasó pero en las Eliminatorias Europeas de cara al Mundial de Suiza 1954 con la denominada «eliminación del bambino» (contada por Vermouth Deportivo en su sección Camino a Rusia 2018). España y Turquía jugaron a ida y vuelta y cada uno se llevó una victoria. La Furia Roja triunfó por 4 a 1 en Madrid pero los turcos ganaron por 1 a 0 en Estambul (no existía la diferencia de gol que se «inventaría» en 1970). Un desempate en el estadio Olímpico de Roma definió la suerte de ambos pero la igualdad (2-2) no dejó ningún ganador. Como la definición por penales no se utilizaba en esos tiempos, se procedió a un sorteo en las manos del famoso niño (o Bambino) Franco Gemma, al que le vendaron los ojos y sacó uno de los dos papeles con el nombre del ganador. Finalmente, Turquía participó del Suiza 1954 por la mano de un chico italiano.
Las quejas existirán siempre y las reglas actuales nunca alcanzarán los grados de conformidad para todo el mundo periodístico y futbolero. Pero la sociedad sería un poco mejor si se respetara el reglamento (que puede tener cosas para mejorar). Almirante Brown y San Miguel definieron su campeonato a través de un bolillero y dejaron su «suerte» en un sorteo que definió al campeón de la Reserva de la Primera B. Al que no le guste, que lea las reglas.