Por Ariel Rotbard – @arielrotbard
La máxima aspiración en casi todas las disciplinas deportivas es el logro de una medalla olímpica, sin embargo el fútbol vive una realidad diferente y los Mundiales siguen siendo su mayor atracción.
Los Juegos Olímpicos son la cita que cada cuatro años esperan ansiosos todos los deportistas del Mundo. Pese a que cada disciplina cuenta con sus propios torneos regionales, internacionales e incluso Mundiales, el punto culminante en jerarquía e importancia se da en los JJOO.
Incluso el tenis, que hace unos años solo participaban jugadores de segundo nivel, ha llevado en las últimas citas olímpicas a las mejores raquetas del ranking.
En el básquet los jugadore de la NBA han comenzado a formar parte de los Juegos desde Barcelona 92, con aquel mitico Dream Team comandado por el genial Michael Jordan.
Pero el fútbol, sin embargo, vive en una burbuja diferente al resto de los deportes. La FIFA cuidó su producto más preciado y ha impuesto al fútbol olímpico diversas limitaciones con la finalidad que las Copas Mundiales sigan siendo la competencia estelar.
El Top histórico de los conjuntos campeones del Fútbol Olímpico es bastante diferente al medallero clásico de los Mundiales, incluso hay algunos campeones insólitos como el caso de Canadá en los juegos de San Luis 1904.
Es necesario acotar que en algunos casos los equipos participantes de aquellos tiempos eran muy limitados tanto en cantidad como en la calidad de los mismos. Hasta los Juegos de 1928 en Ámsterdam, dónde Uruguay venció en la final a Argentina, el fútbol olímpico era el único certamen planetario de la disciplina.
Desde 1930, con la aparición del primer Mundial en tierra charrúa, la convivencia de ambos torneos fue dispar. Mientras los Mundiales fueron tomando cada vez mayor importancia y trascendencia, el fútbol olímpico empezó a tener menor nivel por diversas razones.
Durante mucho tiempo el espíritu amateur de los JJOO impedía a los jugadores profesionales poder formar parte de la competencia. Los grandes beneficiados fueron los países que formaban parte del bloque comunista, quienes podían competir con sus seleccionados “A” y utilizaban los mismos jugadores con los cuales después disputaban los Mundiales.
Los futbolistas de esos países eran representantes del Estado y por ello recibían premios que les permitían vivir del deporte sin dejar de mantener una condición amateur.
Fue así que Hungría, Polonia, Yugoslavia, la URSS, Checoslovaquia e incluso Alemania Oriental se alzaron con los títulos entre 1952 y 1980. En todos los casos ganándole la final a países del mismo bloque soviético.
El desgaste y poco interés que mostraba el fútbol de los Juegos generó que en Los Ángeles 1984 el Comité Olimpico Internacional permitiese la presencia de jugadores profesionales de aquellas confederaciones más “débiles”.
La FIFA intervino entonces para cuidar su marca Mundial e hizo que las federaciones más poderosas, UEFA y Conmebol, quedasen fuera de esa normativa y sigan teniendo un cepo; solo podían llevar juveniles que no hubieran participado en algún Mundial.
Para los juegos olímpicos del 1992 se instauró la actual forma de disputa que equipara a todas las federaciones, desde allí compiten todos equipos sub 23 con la posibilidad de contar con hasta 3 jugadores mayores de edad.
Esto determinó que el fútbol olímpico terminara siendo una especia de torneo intermedio entre el Mundial de mayores y el Sub 20. En los últimos años la competencia fue tomando mayor trascendencia y varias de las mejores figuras del balompié mostraron interés en participar.
De esta manera han podido experimentar el espíritu de los 5 anillos cracks de la talla de Lionel Messi y Neymar entre otros.
Uno de los grandes problemas que aun deberá intentar resolver los dirigentes es que, al no considerarse el torneo olímpico un certamen oficial de FIFA, los clubes no están obligados a ceder a sus jugadores para los seleccionados, lo que causa más de un dolor de cabeza a los entrenadores a la hora de armar sus planteles.
Esa fue la gota que rebasó el vaso en el caso del Tata Martino, quién sufrió esta situación en la previa a los Río de Janeiro 2016 y, sumado a otros desmanejos de AFA, terminó dando un paso al costado de la Selección Argentina.
En el horizonte se vislumbra, si la pandemia lo permite, Tokio 2021. Las estrellas del evento serán el atletismo, la natación, el básquet, el tenis y el vóley. El fútbol será un deporte de segundo plano en importancia por los argumentos planteados anteriormente.
Un ejemplo que nos demuestra a las claras que un Juego Olímpico está muy lejos de ser el anhelo máximo de un futbolista lo podemos ver con el caso de Leo Messi. Siempre se ha dicho que la Pulga tiene como materia pendiente ganar algo con la Selección Argentina, a pesar que el rosarino ya se ha colgado la medalla de Oro en Beijing 2008.