
Jannik Sinner es uno de los mejores tenistas de la actualidad, pero no muestra sentimientos. Cuesta encontrar momentos en los que exhiba emoción.
Jannik Sinner, el rey frío
El tenista italiano es, sobre todas las cosas, un hombre frío. Marca distancia y eso lo aleja de los demás. No se sale del libreto. Pese a encontrarse en el segundo escalón más alto del ranking ATP, carece de magnetismo. “Parece un robot. No erra y tampoco habla”, cuenta Federico Coria, otro tenista del circuito y hermano del Mago, ex número tres del mundo. Ganar o perder no son motivos suficientes como para que exhiba sus sentimientos. El dos veces campeón del Australian Open es valorado por su carácter competitivo. No busca ser héroe.
De Italia, pero a su manera
¿Un italiano sin emociones? Tal vez su frialdad tenga que ver con San Cándido, su localidad natal. Se trata de una región montañosa y nevada, razón por la que Jannik es un apasionado del esquí. Allí se tiene como idioma natural el alemán. De hecho, sus padres hablan esa lengua. O sea, es ciudadano del país de la bota, pero no responde al estereotipo. Siente la vida de forma distinta a cualquier romano o napolitano. Exponer sentimientos -para él- es una rareza.
El dopaje, su mancha
Aun así, es una máquina que se equivoca. Su error es el clostebol, nombre de la sustancia que le detectaron en dos controles antidopaje. Es un esteroide anabolizante relacionado con la ganancia de masa muscular, cuestión vital en el desempeño de los atletas. El ex número uno, por su lado, explica que se trató de un descuido al momento de aplicarse un producto para curar un corte en el dedo. Pero el justificativo resulta insuficiente para muchos de sus colegas. Así lo señala el tenista australiano Nick Kyrgios: “Es difícil de asimilar lo que hizo. Es triste y oscuro para el deporte”.
Los éxitos, la manera de afrontarlos y la rivalidad con Alcaraz
Hay tenistas que culminan su carrera profesional sin ningún título ATP. Bueno, Sinner tiene 25. Y con tan sólo 24 años. Presente sólido y futuro prometedor. Si se repasan las fotos de sus coronaciones, rara vez se lo ve exultante. Toda la satisfacción se queda resumida en una media sonrisa y un puño apretado. A veces alza el trofeo y se lo muestra a su equipo. No mucho más. Asimila los triunfos de manera mesurada.
Pese a ser un jugador invulnerable, hay cosas que lo perturban. Más precisamente, alguien: Carlos Alcaraz. Es su debilidad. Jugar contra el murciano es casi un sinónimo de estrés. Cuando se realizan los sorteos, Jannik cruza los dedos para no compartir el lado del cuadro con el español. Fiel a su estilo, el italiano no expone malestar, si debe enfrentarlo. Por el contrario, aplica la misma receta de siempre, que incluye un andar cansino, mirada desenfocada, espalda recta y calma.
La mesura como estrategia y lema de vida
Dentro de la cancha sostiene el hermetismo y la inexpresividad. Gana un punto presuntamente imposible y no reacciona; falla una bola fácil y ocurre lo mismo. Cuidado, no es un extraterrestre. Los sentimientos afloran dentro suyo, pero decide no exteriorizarlos. Ve en eso un arma. Es una herramienta para no brindarle valiosa información a quienes están del otro lado de la red. Según su parecer, estudiar e interpretar el ánimo de los tenistas es vital a la hora de plasmar el plan de juego.
“Si veo al otro (jugador) incómodo, trato de apretarlo”, confiesa. Por eso, Sinner se encarga de no revelar falencias propias. No quiere ser el presionado. Sacrifica efusividad a cambio de protección. Dar algún indicio de inconsistencia emocional representa una posibilidad para sus contrincantes. Esto engloba desde romper una raqueta contra el piso hasta insultar en voz baja. En ese sentido, destaca la necesidad de construir una mentalidad fuerte con el objetivo de gestionar los instantes de desilusión.
Por si quedaban dudas, es un hombre modesto. Posee fama, dinero y éxito deportivo. Gracias a su talento, es dueño de una vida soñada por muchos. Su cotidianeidad es el paraíso para la gente común. Pero no la ostenta. Los excesos le resultan incómodos. Y también los extremos. Ante los triunfos, se mantiene lejos del alcohol o las jornadas de fiestas interminables. Su disfrute pasa por un lado más cerrado, ya que opta por organizar planes con sus afectos cercanos. “Priorizo y protejo mi privacidad”, asegura.
Jannik Sinner es uno de los líderes del universo tenístico. Aunque Carlos Alcaraz sea su debilidad, se despliega en la escena mundial con autoridad y contundencia. Pero, a su vez, emplea un manto de moderación singular. No transmite felicidad o tristeza. Levanta la bandera de la apatía: se muestra calmo tanto en la victoria como en la derrota. Carece de carisma. Es parte de la estrategia. Ser indescifrable lo convierte en una amenaza para sus oponentes. Italiano, pero casi alemán. Veinticinco títulos ATP. Positivo en clostebol. Número 2° del ranking. Y, sobre todas las cosas, un rey frío.
For me, it is wonderful to be like him, always under control, it is much bettter not show your feelings, so you can get to disturb your oponent. Besides he does’nt shout, shouting you loose energy. Federer, the most elegant tennis player, never shouted.
Hai letto il suo CV? E l’unico di cui scrivi e risalti é il suo essere impassabile…..ti considero povero di argomenti ed imparziale con.il # due del.mondo