INDEPENDIENTE: LOS MERCADOS DE PASES QUE HICIERON QUE EL INFIERNO NO ESTÉ PARA NADA ENCANTADOR

Intimaciones a la institución, deudas con clubes y jugadores. Problemas económicos y futbolísticos. El presente de Independiente no es fácil y pareciera perfilarse cada vez más complejo, todo indica que se trata de un asunto que hoy se volvió catastrófico, pero que hace tiempo hace ruido.

La dirigencia saldó la gran mayoría de los contratos menores, luego de que doce jugadores intimaran al club de Avellaneda mediante cartas documento. Tanto Alan Franco como Fabricio Bustos, fueron jugadores que llegaron a cierto acuerdo desde lo salarial en relación al pago que solicitaban, sin necesidad de recurrir a la vía legal, al igual que los juveniles del club que se encuentran en el plantel profesional.

La idea de aquellos que comandan el presente institucional del «Rojo», es saldar aquellos sueldos pertenecientes a los contratos más altos, para luego renegociar la mayoría de los mismos en relación al duro presente del club (y de la economía mundial).

En el medio, fuertes idas y vueltas mediáticas entre los principales dirigentes y referentes del plantel. Silvio Romero representó al grupo como capitán y decidió romper el silencio para hacer pública la situación salarial de los dirigidos por Lucas Pusineri. Héctor Maldonado y Pablo Moyano respondieron fuertemente por parte de la dirigencia, realizando acusaciones a varios jugadores del plantel y sus bajos rendimientos futbolísticos. Sin ir más lejos, se anunció una «depuración del plantel». La relación entre los protagonistas dentro del campo de juego y sus directivos pareciera haber llegado a un momento crucial y determinante.

El infierno estuvo encantador: la obtención de la Copa Sudamericana del 2017 de la mano de Ariel Holan y un nuevo «Maracanazo», dejó a los hinchas ilusionados con el regreso del «Rey de Copas». Pero a partir del segundo ciclo del técnico, todo comenzaría a derrumbarse y los problemas se acumularían para explotar en el actual presente.

En inicios del 2018, el «Rojo» había realizado ventas millonarias: la salida de Emiliano Rigoni (durante el 2017), Esequiel Barco y Nicolás Tagliafico. Se trataba de jugadores clave en el buen fútbol que había demostrado el Independiente del «profesor»: todo indicaba que iban a ser muy difíciles de reemplazar en el corto plazo.

En busca de la renovación del plantel, se gastaron aproximadamente más de 13 millones de dólares: el ecuatoriano Fernando Gaibor llegó desde Emelec por 4.2 millones de dólares, el actual capitán Silvio Romero arribó desde México en 4 millones de dólares, Jonathan Menéndez dejó Talleres de Córdoba a cambio de 3 millones de dólares, Braian Romero llegó desde Argentinos Juniors por 2.3 millones de dólares y Gonzalo Verón habría llegado en condición de libre, pero con un contrato por demás elevado (como el de gran parte de los que arribaron durante esta etapa y las siguientes).

El único de los anteriormente mencionados que se convirtió en un jugador de buen rendimiento para el club fue Silvio Romero, capitán y goleador de Independiente en la actualidad. Los demás obtuvieron salidas a préstamo y tienen pocas aspiraciones de continuar en el club debido a sus altos salarios y su muy bajo rendimiento futbolístico.

En Julio del mismo año, arribaron nuevas incorporaciones de la mano de Ariel Holan y Fernando Hidalgo: Carlos Benavidez en 2.3 millones de dólares (hoy en día se debe gran parte de este dinero a Defensor Sporting, de donde proviene el uruguayo), Pablo Hernández llegó desde el Celta de Vigo por 1.4 millones de dólares (con un contrato acorde al lugar del cuál provenía), Ezequiel Cerutti dejó el fútbol saudí por 500 mil dólares, Milton Álvarez llegó al «Rojo» desde el Deportivo Morón a cambio de 150 mil dólares, Guillermo Burdisso arribó libre desde el fútbol mexicano y el reconocido mediocampista central Francisco Silva llegó libre (con el condimento de un contrato de nivel europeo).

Ninguno de estos millones invertidos trajeron aparejada una retribución alguna desde la acción dentro el verde césped. Carlos Benavídez tuvo pocos partidos en la primera del club, con una fuerte lesión que le impidió desarrollarse con normalidad. Pablo Hernández no se asentó como titular y no tuvo un nivel acorde a lo que se esperaba de él, con el aditivo de una lesión ligamentaria que lo mantuvo al margen durante meses. Ezequiel Cerutti dejó el club luego de pocos encuentros disputados. Milton Álvarez continúa siendo el arquero suplente del plantel, cumpliendo cuando se lo necesitó. Guillermo Burdisso tuvo un paso fugaz, alternando buenas y malas, sufriendo problemas de salud que lo excluyeron de la actividad futbolística, migrando hacia Lanús, donde se desempeña actualmente. Mientras que finalmente, el chileno Francisco Silva dejo Independiente para partir hacia Universidad Católica de Chile, luego de 10 partidos jugados en nivel paupérrimo.

Para cerrar su ciclo, Ariel Holan decidió incorporar en principios de 2019 a Cecilio Domínguez (el 75% de su pase) a cambio de 6 millones de dólares (la compra más cara en la historia del club), y a Pablo Pérez por un millón de dólares. Ambos contratos serían altísimos, sumándose a los anteriores.

Tanto Cecilio como Pablo, no llegaron a encantar al exigente público del «Rojo». Pablo Pérez alternó buenas y malas, entre escándalos y rojas innecesarias, para partir a Newell´s mediante un arreglo millonario entre el jugador e Independiente, en el que el club salió fuertemente perjudicado. Cecilio Domínguez continúa en el «Rojo» con más malas que buenas.

Sebastián Beccacece llegó a Independiente a mediados de 2019 de la mano de Christian Bragarnik. Los refuerzos que llegaron para ser partícipes de su corto ciclo (apenas 16 partidos, tras los cuales se retiró del club siendo fuertemente repudiado por gran parte de los hinchas, para llegar a Racing, el clásico rival), fueron: Lucas Romero en 4 millones de dólares (llegando desde Cruzeiro), Alexander Barboza dejó Defensa y Justicia por 4 millones de dólares, Andrés Roa llegó desde Deportivo Cali (a préstamo en Huracán) a cambio de 2.5 millones de dólares, Cristian Chávez desde Aldosivi se incorporó por 2 millones de dólares y Sebastián Palacios arribó desde Pachuca por 2.5 millones de dólares.

En su corto tiempo como director técnico, Beccacece gastó 15 millones de dólares, que la dirigencia puso a su disposición. Lucas Romero se volvió una pieza fundamental en la mitad de la cancha hasta el día de hoy. Alexander Barboza no logró ganarse la titularidad fija y fue uno de los principales focos de silbidos por parte de los hinchas. Andrés Roa comenzó a encontrarse dentro del campo de juego y alcanzar un buen nivel de la mano del actual DT, Lucas Pusineri (ya que durante el ciclo de Beccacece apenas sumó unos pocos minutos). Por su parte, Cristian Chávez y Sebastián Palacios se encuentran a préstamo fuera del club.

Lucas Pusineri llegó a Independiente como director técnico a principios del corriente año 2020. No realizó incorporaciones y sufrió la salida de varios jugadores. El dinero no alcanzaba para reforzar el plantel, y algunos tuvieron que irse para mejorar la estabilidad económica de la institución. El presente evidenció las malas gestiones del pasado: inversiones multimillonarias que dieron pérdida, destrato para varios jugadores campeones, poca conciencia acerca de las incorporaciones realizadas, y la falta de un proyecto a largo plazo.

La pandemia agravó la situación y los problemas se agigantaron. El Independiente de Pusineri apela a la muy buena generación de juveniles que parece llegar para salvar las papas. Velzasco, Martínez y Soñora son las principales promesas. Los referentes del plantel (Campaña, Sánchez Miño, Silvio Romero, entre otros) pelean por sus derechos salariales y los pertenecientes al grupo. La dirigencia se encuentra en una encrucijada de la que intentará salir para luego intentar que no se repita. El ex campeón mundial, Jorge Burruchaga fue contratado recientemente como mánager para ocuparse del sector perteneciente a la gestión futbolística.

Un contexto difícil que encuentra al plantel distanciado de la dirigencia y que tiene raíz en decisiones tomadas desmedidamente por aquellos que se hacen cargo de la parte económica y administrativa dentro de la institución. Compromisos que no pueden cumplirse, deudas que no van a poder pagarse, e incendios que difícilmente puedan apagarse en lo inmediato.