Siete meses y un día habían pasado del último partido en la mítica Doble Visera. El inolvidable estadio del Rojo de Avellaneda estaba en pleno proceso de demolición y allí quedaban los recuerdos más gloriosos de un club que supo saborear las mieles de títulos mundiales. Sin embargo, había una función más, sin espectadores, sin jugadores pero con un fenómeno climático que le dio un adiós definitivo a un recinto que quedó en los anales del fútbol argentino.
El 8 de diciembre de 2006 se enfrentaron Independiente y Gimnasia de Jujuy. A partir de ese entonces, la cancha de Alsina y Cordero quedaría cerrada por tiempo indeterminado hasta que se construya el actual Libertadores de América. Se esperaba un lugar de estilo inglés, algo parecido a Old Trafford, la casa del Manchester United. Aquél cotejo, que terminó con victoria del Lobo por 2 a 1, tuvo otro motivo aún más triste. El salir por los accesos sabiendo que jamás se volvería a ver la misma fisonomía.
En plena demolición, cuando aún quedaba una cabecera en pie sumado a la actual tribuna Bochinio que no perdió su estructura, sucedió un fenómeno climático que obligó a una última foto de la Doble Visera. Aquél 9 de julio de 2007 no fue un feriado más para todos los argentinos que conmemoraban la independencia patria. Ese mismo día, a la tarde, una nevada cayó intensamente sobre Capital Federal y Gran Buenos Aires después de 89 años.
El césped donde brillaron diversos artistas que hicieron grande a Independiente, quedó cubierto de blanco. Pasaron once años de una imagen que trae una nostaglia por donde se la mire. Por el recuerdo de un estadio que ya se modernizó y por el momento de haber capturado un evento climatológico único para varias generaciones que pudieron contar que alguna vez el Rojo se tiñó de blanco.