Los éxitos alcanzados por la selección yugoslava en los más importantes deportes colectivos son innumerables pero, en este caso, voy a hablar del combinado nacional más destacado, el de baloncesto.
Yugoslavia, que literalmente quiere decir eslavos del sur, fue un estado formado tras la caída del Imperio Otomano en 1918. Inicialmente fue denominado como el Reino de los Serbios, Croatas y Eslovenos, hasta que en 1929 se instauró la denominación comentada.
Tras las guerras yugoslavas que se iniciaron en 1991 (cuando contaba con 23 millones de habitantes) se desmembró en 7 países: Serbia, Croacia, Eslovenia, Bosnia-Herzegovina, Macedonia del Norte, Montenegro y Kosovo. El caso más polémico es el de Kosovo ya que varias decenas de países no reconocen su independencia de Serbia. A pesar de ello, forma parte de la FIBA (Federación Internacional de Baloncesto) desde 2015.
No fue hasta la década de los 60 que el plantel yugoslavo empezó a destacar con varios subcampeonatos en las grandes citas: cuatro en el Campeonato de Europa (todas las finales ante la U.R.S.S.), dos en Mundiales (clasificó tras Brasil en 1963 y de nuevo cayó ante la Unión Soviética 4 años después) y una derrota en la final de los Juegos Olímpicos de México 1968 frente a Estados Unidos. Dicho equipo era comandado por Ivo Daneu (base-escolta esloveno) y Radivoj Korac (ala-pívot serbio). Este último falleció en 1969 en un accidente de tráfico sin poder ser campeón con su selección (la FIBA le homenajeó denominando Copa Korac durante tres décadas, a la tercera competición europea de clubes).
En 1970 se celebró el primer Mundial en Europa (los cinco anteriores fueron en Sudamérica) y, Yugoslavia, por fin pudo gritar campeón. En el Tivoli Hall de Ljubljana fue profeta en su tierra tras imponerse a los norteamericanos por 70-63 en el penúltimo partido (todavía se decidía el campeonato en una liguilla final, en este caso de 7 equipos).
Aquella escuadra era comandada por el pívot croata Kresimir Cosic. En los dos siguientes Mundiales se mantuvo la seguidilla de partidos decisivos ante los soviéticos, con un segundo puesto en Puerto Rico en 1974 bajo el liderazgo del escolta serbio Dragan Kicanovic y, el sempiterno, Cosic en la pintura (jugador con más presencias internacionales transpirando la casaca yugoslava) y un campeonato conseguido de manera imbatida cuatro después en Filipinas, guiados por, el alero bosnio, Drazen Dalipagic, antes de pasarse una temporada en blanco por cumplir con el servicio militar. En esta década consiguieron además tres Europeos consecutivos y un subcampeonato olímpico.
La siguiente década comenzó con su primer y único oro olímpico en casa de su gran rival, en Moscú 1980, con la notable ausencia de Estados Unidos como consecuencia de la Guerra Fría. Fue un campeonato inmaculado en el que se volvieron a sustentar en el poderío anotador de Dalipagic, bien apoyado por Cosic, Kicanovic y por el escolta bosnio Mirza Delibasic.
Sin embargo, para volver a encontrar un título hay que esperar a la llegada de Dusan Ivkovic al banquillo en 1987, tras la mala experiencia con Kresimir Cosic. Capítulo aparte merece la semifinal perdida contra la Unión Soviética de Arvydas Sabonis en Madrid (Mundial de 1986) tras ir ganando por 9 puntos a falta de 50 segundos y, «pegarse un tiro en el pie» a través de dos pérdidas de balón, la definitiva por unos dobles del jovencísimo Vlade Divac.
Aunque en esta época los éxitos a nivel de selección fueron escasos, a nivel de clubes no ocurrió lo mismo. En 1979 el Bosna Sarajevo fue el primer equipo yugoslavo en conquistar la Copa de Europa (actual Euroliga), mientras la Cibona de Zagreb comandada por el genial escolta croata Drazen Petrovic conquistó la Copa de Europa en 1985 y 1986 y la Copa Saporta (segunda competición a nivel del viejo continente) en 1987. Estos éxitos en buena medida se debieron a que ningún jugador podía salir antes de los 28 años a jugar fuera de Yugoslavia hasta que, gracias a una buena cantidad de dinero en las manos de las personas adecuadas, el Real Madrid consiguió el fichaje de Petrovic en 1988 (a los 23 años).
A pesar de que la salida de talentos al extranjero empezó a acelerarse tras esto, el aficionado europeo todavía tuvo la posibilidad de disfrutar del último gran equipo de la antigua Yugoslavia, la Jugoplastika de Split, que conquistó tres Copas de Europa entre 1989 y 1991, comandada por los tiradores Dusko Ivanovic y Velimir Perasovic, con Dino Radja en el poste bajo y con Toni Kukoc como chico para todo.
Pero hay que volver a hablar de los plavi (azules). Tras volver a lo más alto del podio en el Europeo de Zagreb de 1989, llega uno de los momentos culminantes de la historia del baloncesto balcánico. En el Mundial de un año después en la Argentina, la final enfrenta en el Luna Park a los dos grandes combinados europeos, la Unión Soviética y Yugoslavia, con victoria para los segundos por 90-75 (una gran revancha para lo ocurrido cuatro años antes).
No obstante, lo que va a cambiar la historia, ocurrió al finalizar el partido. Un aficionado lucía una bandera croata que Vlade Divac (pívot serbio) le arrebató. Éste afirma que lo hubiera hecho igual si se tratara de una bandera serbia, pero no convence a muchos, convirtiéndose en un héroe en Serbia y en un apestado en Croacia. En medio de la invasión de la pista, ese momento, pasó inicialmente desapercibido pero la noticia llegó a los oídos de Drazen Petrovic, que lo considera una humillación contra el pueblo croata, rompiendo toda relación con su íntimo amigo y no volviendo a jugar con la selección de Yugoslavia. No obstante la historia no termina ahí. Muchos años después (en el muy recomendable documental de ESPN Una vez hermanos no se le menciona), se supo que el aficionado era un argentino de familia croata, residente en la costa bonaerense, y que Divac ni la pisó ni la escupió como se llegó a afirmar.
Con Drazen fuera de la selección se disputó el Eurobasket de 1991 con un nuevo triunfo para Yugoslavia. Este sería el último gran torneo de esta excelsa generación junta ya que durante la celebración del torneo tanto Croacia como Eslovenia proclamaron su independencia, iniciándose el conflicto armado en los Balcanes. En los Juegos Olímpicos del año siguiente en Barcelona (donde Yugoslavia no compitió al estar sancionada por Naciones Unidas), se vio de nuevo a Petrovic comandando a Croacia, junto a Kukoc y Radja, pero no pudieron oponer resistencia en la final al Dream Team de los Estados Unidos (compuesto por Michael Jordan, Magic Johnson, Larry Bird, Charles Barkley y Karl Malone, entre otros). ¿Qué partido se hubiera visto de haber competido Yugoslavia con el plantel de aquél título mundial de 1990? Como tantas otras cosas en la vida, nunca se sabrá. Lo que si fue una triste realidad fue la muerte de Drazen Petrovic un año después, en un accidente de tráfico. Casualidades del destino, a los 28 años.
Tras la desmembración de la antigua Yugoslavia, la selección de baloncesto siguió compitiendo con ese nombre hasta 2003 (únicamente con jugadores serbios y montenegrinos). El nivel no volvió nunca a ser el mismo pero los éxitos no tardaron en volver tras el fin de las sanciones. Tres Europeos y los dos Mundiales disputados (Grecia 1998 y EE. UU. 2002) cayeron del lado de los plavi.
Tras estos años se mantiene la pujanza de la selección serbia y se acumulan los fracasos del combinado croata. Aclaro que la exigencia para la selección ajedrezada siempre ha sido tremenda ya que la famosa frase: “los grandes técnicos son serbios y los mejores jugadores croatas” sigue estando presente. Sin embargo, el gran éxito lo ha conquistado la Cenicienta de entre los tres grandes combinados de la antigua Yugoslavia. Eslovenia se alzó con el Eurobasket de 2017 bajo la batuta de Luka Doncic.
Una historia inolvidable la de la selección yugoslava y con muchos capítulos, partidos y jugadores que seguro han quedado sin mencionar, pero es habitual que ocurra cuando durante varias décadas jugaron juntos semejantes talentos. Bendita suerte la del aficionado que pudo disfrutarles en una gran competición cada año.