FRANCIA – BULGARIA: VUELVEN A VERSE TRAS AQUELLA NOCHE PARISINA

El fútbol es ese deporte que tiene millones de historias épicas por contar. Y si de definiciones agónicas se trata, la clasificación de Bulgaria al Mundial de Estados Unidos 1994 forma parte de una de las justas deportivas más apasionantes. Justamente, se da la particularidad que, 23 años más tarde, Francia vuelve a compartir un grupo de eliminatoria con quien fue su inolvidable verdugo en el otoño parisino del noventa y tres.

Los galos llegaron bien posicionados a la última fecha de su zona. El boleto a la máxima competencia que se iba a disputar en América del Norte se les había escapado la jornada anterior cuando, en el mismísimo Parque de los Príncipes, perdieron increíblemente frente a Israel por 3 a 2. Suecia, con un empate en Viena frente a Austria ya se había asegurado un lugar. A los Tricolores les bastaba con sumar un punto ante el combinado de Los Leones comandado por Hristo Stoichkov y  compañía.

Francia debía empatar mínimamente para quitarse de encima la espina que lo había dejado afuera de Italia 90. Tras una brillante participación en México 86, el conjunto azul quería regresar a los Mundiales de fútbol y es por ello que París se vistió de fiesta para la gala nocturna de un equipo capitaneado por Jean Pierre Papin y con figuras de la talla de Eric Cantoná, Didier Deschamps y Laurent Blanc entre otros. Enfrente había una camada de profesionales que no sólo iban a torcer el rumbo de una clasificación sino que, con el correr de los años, iban a quedar catalogados como la generación dorada del fútbol búlgaro.

Los casi 50 mil espectadores vibraron con la orden del juez escocés, Leslie William Mottram. El colegiado, desde el arranque, permitió el juego brusco de los locales que amedrentaban, con más infracciones que fútbol, a su rival.  De hecho, de una patada no sancionada en favor de los muchachos de Dimitar Penev, surgió un avance en el que Cantoná no perdonó a Borislav Mikhailov. Los galos ganaban por la mínima diferencia, estaban a una hora del Mundial, e incluso manejaban los hilos de una contienda que se vio interrumpida por el ingreso de un gallo al campo de juego. Ni los jugadores, ni el árbitro, pudieron interceptar al ave que salió por sus propios medios del perímetro logrando la ovación de todos los parisinos que vivían una verdadera fiesta.

Sin embargo el empate llegó raudamente. Emil Kostadinov, el gran verdugo de la noche, ganó en las alturas y de cabeza estampó el 1 a 1 parcial con el que se irían a los camarines ambos conjuntos. Y en el ambiente del Parque de los Príncipes se respiraba cierto hedor que podía anticipar lo que finalmente sucedería. La diferencia era realmente escueta y la fresca imagen derrota contra los israelitas rondaba en la cabeza del público local. Pero los minutos en la complementaria se iban consumiendo y la tranquilidad llegaba para los de Gérard Houllier. Hasta que Papin se lesionó y la cuota de fútbol que podía aportar el dueño de casa empezó a desvanecerse con el objetivo único de cuidar esa paridad.

En tiempo adicionado Francia logró un tiro libre cercano al área rival. Era tan simple como retener el esférico, apretar los dientes, y aguantar unos segundos más. Pero la pelota quemaba y los galos rifaron la caprichosa de un lado a otro para regalársela a su oponente que elaboró un contragolpe furioso. Kostadinov, a pura potencia, pisó el rectángulo mayor y sacudió contra la meta de Bernard Lama. Luego, el silencio se apoderó del estadio y el ruido del 2 a 1 hizo eco en todo el globo terráqueo. Bulgaria, en el descuento, se metía en un Mundial donde compartiría grupo con Argentina e incluso derrotaría al elenco de Alfio Basile.

El ganador de esa noche parisina quedaría meses más tarde en los anales del fútbol por un histórico cuarto puesto en Estados Unidos 1994. El perdedor sufrió horas de dolor y el técnico de los galos dio un paso al costado. Lo reemplazó un tal Aimé Jacquet que puso manos a la obra para recomponer a un seleccionado que venía de dos frustraciones consecutivas. En 1998 tendría revancha y tocaría el cielo con las manos, consiguiendo el título máximo, y en su propia casa.

Acerca de Marcelo Patroncini 17343 Articles
Nació en agosto de 1982. Leonino y soñador. Desde chico jugaba a ser periodista con la máquina de escribir que había en su casa. Amante del fútbol, la gastronomía y los viajes. En 2005 fundó Vermouth Deportivo junto a Fran Alí.
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