La Fórmula 1 comienza su temporada 2018 con un cambio significativo: el nuevo sistema de seguridad de cabina «Halo». Tan solicitado como cuestionado. Está a la vista que la misma se obstaculiza; pero el riesgo de accidentes disminuye. ¿Será definitivo?
Corría el año 2009, casualmente en el mes de julio, cuando el experimentado piloto inglés, Henry Surtees, fue impactado en su casco, por uno de los neumáticos desprendidos del accidente del piloto Jack Clarke, mientras viajaba aproximadamente a 162 km/h. Quedó inconsciente apretando el acelerador y su auto frenó contra los muros de contención. Fue rescatado con vida; pero severamente herido y murió horas después en el Royal London Hospital.
Tras este hecho, uno más a los tantos similares, el grupo de estrategia de FIA acordó por unanimidad en julio de 2016 la implementación de mejoras en la protección de los cockpits. Un año más tarde, se reunieron nuevamente (por primera vez, los representantes de todas las escuderías dieron el presente) y presentaron el sistema de protección frontal que, habiendo sido probado y testeado con buenos resultados, comenzaría a utilizarse a partir de la primer carrera de 2018.
Eventos como el sufrido por Felipe Massa, en 2009, en el cual una pequeña parte desprendida de uno de los autos impactó en su casco dañándole uno de sus ojos y obligándolo a retirarse de por vida de las competencias, lamentablemente, aún no serán solucionados por esta nueva herramienta. Por eso, la pregunta que se resolverá con el correr del tiempo es si Halo ha llegado para quedarse o si se desarrollará un mejor elemento que lo sustituya.