La elite del fútbol argentino está incompleta, renga, le falta algo. Así como en enero de este año ascendió un viejo conocido como Platense, durante el mes de octubre se potenció la ilusión de un histórico bicampeón de Primera que, tras más de dos décadas de ausencia, encendió la llama de la esperanza.
Un invicto de doce partidos, dos victorias por 6 a 0 en cuestión de semanas, tres encuentros donde clavó un triplete, y el envión anímico de un plantel entusiasmado en hacer historia. La cuota extra de toda esta novela, claramente, la pone su gente incondicional que se pellizca y desea brindar a fin de año sabiendo que el próximo volverá a ser parte del fútbol grande.
Si bien no depende de sí mismo, Ferro quedó a un punto del líder Barracas Central. Las goleadas en Caballito a Independiente Rivadavia de Mendoza y a San Telmo, la experiencia de gladiadores como Hernán Grana o Brian Fernández que jugaron en Boca o Racing, respectivamente, pero también en Estados Unidos. Los acostumbrados a batallar como Claudio Mosca o Juan Sills. El crecimiento del club en todas las disciplinas. Muchos aspectos para sostener una ilusión que lleva 21 años y algunos meses.
Desde aquél 17 de julio de 2000, Ferro desea y necesita volver a Primera. En estas dos décadas incluso hubo un descenso a la B Metropolitana. El club parecía tocar fondo en todo sentido pero su gente, vital en todo sentido, lo mantuvo más vivo que nunca. Y, a tres fechas del cierre de la temporada regular, se hizo escuchar en el Arquitecto Ricardo Etcheverri.
Faltan varias finales pero la ilusión está intacta. Lo que más suena en estos días es una canción que retumbó por años en uno de los estadios porteños más maravillosos, esa que dice: «Te seguiría por todas partes para alentarte porque esta banda solo merece otra oportunidad. De volver a la A, igual que antes, Verdolaga yo te sigo a todas partes. Este año tenés que salir primero, Caballito todo el año es carnaval».