Siete expulsados, una trifulca sobre el cierre, y demás menesteres que sacaron de quicio a propios y extraños. El Superclásico tuvo más roce que fútbol, terminó en polémica, y desde Viamonte 1366 no le asignaron ninguna contienda para la próxima fecha.
Darío Herrera pagó los platos rotos. Más allá de su flojo arbitraje en el River – Boca del domingo pasado, el colegiado cargó con la pesada mochila de la eufórica celebración de Agustín Palavecino a sus rivales que desató la hecatombe y el show de tarjetas rojas.
Como suele acontecer cada vez que un arbitraje quedó bajo la lupa por su mal desempeño, la elite del fútbol argentino lo apartó al menos por una fecha. De esta manera, el colegiado tendrá descanso obligatorio mientras se sigue hablando de las posibles sanciones y los reclamos constantes tanto del lado Millonario como del Xeneize.
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