Darío Benedetto dio una muestra de cómo patear un penal (sin discusión) y convirtió el único gol de Boca Juniors en la noche mendocina de Copa Argentina. Fuerte, a la derecha y arriba. Imposible para Emanuel Bilbao, el 1 de Guillermo Brown. Los noventa minutos fueron un fiasco: el Xeneize no jugó bien, creó pocas situaciones y la Banda lo complicó más de lo esperado. Victoria con lo justo para clasificar a octavos que lo volverá a encontrar con Rosario Central por tercera vez consecutiva.
Poco y nada del primer tiempo. Sin emociones. Sin diferencias entre un equipo de la Superliga y otro del Nacional B. La única vez que los hombres de Guillermo Barros Schelotto llegaron con peligro fue con un centro de Fernando Evangelista controlado por Bilbao. Nada más. La mejor noticia quedó en el buen rendimiento de Nahitán Nández pero de seis puntos en unos cuarenta y cinco minutos para el olvido. El equipo de Puerto Madryn esperó y aguantó el cero.
La historia cambió en el complemento pero sólo en el marcador. Pablo Pérez se armó una jugada por izquierda, entró al área y fue derribado por un claro contacto de Nicolás Bruna para el cobro de un penal por parte de Facundo Tello. Darío Benedetto continuó su racha goleadora con una ejecución perfecta, firme y precisa. Existen los golazos desde los doce pasos. No pasó mucho más, sólo un remate de Cristian Pavón que no pudo empujar el Pipa. El papel de los dirigidos por Ricardo Pancaldo fue digno y más al haber presentado a diez jugadores nuevos (con relación a la temporada pasada). Aún así le hicieron resistencia a uno de los gigantes de Argentina.
Con lo justo y necesario, Boca ya está en octavos de final de la Copa Argentina. Lo espera Rosario Central como en las últimas dos ediciones de la competencia con un triunfo para cada uno. Guillermo Brown dejó bien parado a su ciudad y demostró coraje para no sentirse superado por el último campeón del torneo local. La única diferencia: el penal perfectamente ejecutado por Pipa Benedetto. Un verdadero penalazo.