Al menos ocho meses sin jugar estará Ezequiel Ham, el joven volante del Bicho de La Paternal, fracturado por Carlos Tévez el fin de semana pasado. Recién en mayo, cuando ya haya cumplido 21 años, se encontrará listo para volver a las pistas; claramente sin pretemporada ni ruedo futbolístico de un torneo corto que también caminará cerca de su epílogo en el otoño del 2016.

No obstante, más allá de la exitosa operación, desde el fin de semana al día de la fecha existió un exhausto trabajo periodístico que consistió en buscar comparaciones, analizar intencionalidades y demás. Que Leonardo Pisculichi tuvo una dura entrada hacia Nicolás Aguirre pero sin el final fatídico, que el «Apache» es apuntado por ser el ´jugador del pueblo´, que el mediocampista de Argentinos Juniors buscó al ex hombre de la Juventus en una jugada previa, y un sinfín de comentarios al respecto que llenaron espacios en los medios y en las redes sociales.
Oscar Ruggeri, Marcelo Tinelli y otras personalidades del deporte salieron a proteger a un Tévez que se llevó la tapa de todos los diarios. Es en este momento cuando la óptica del tema empieza a empañarse. Porque aquí debería existir sólo un protagonista, y ese es Ham. El mismo que verá las cinco fechas restantes por televisión y con un yeso hasta la rodilla. El que no podrá hacer la parte dura de la pretemporada en enero junto a sus compañeros del Tifón de Boyacá y que tampoco será tenido en cuenta en el próximo torneo corto por obvias razones.
El diez de Boca Juniors pidió perdón y se sacó la foto, con el lesionado volante, en la cama del hospital. El mundo del fútbol lo defiende, no lo sanciona y lo cuida en demasía cuando en verdad, quien necesita protección es el damnificado en esta historia. Preocupa, en el entorno, que todo lo que se hable de este tema, dañe a Tévez. No se olviden que la víctima es, únicamente, Ezequiel Ham.