Persevera y triunfarás. La frase del filósofo romano Séneca tiene un gran significado para la Selección Argentina que durante años intentó ganar un título para acabar con la sequía y lo logró en la Copa América 2021 ante el Brasil de Neymar y en el Maracaná. La Albiceleste ganó por la mínima diferencia y le dio una inmensa alegría a los más de 45 millones de argentinos que se comieron las uñas en cada rincón del planeta. ¡Por fin! Y encima Lionel Messi obtuvo su primer título con la camiseta del seleccionado nacional. ¡Inolvidable!
Fue un verdadero trabajo de equipo. Con decisiones previas y acertadas del entrenador Lionel Scaloni que movió piezas y entendió el partido ante la Verde Amarelha cuando la pelota no había empezado a rodar. A la hora de la acción, la formación dejó la vida en la cancha pero no es una frase hecha. Exactamente pasó eso: se rompieron el alma, jugaron con el corazón de cada uno de los argentinos. Todos fueron figuras durante los más de noventa minutos por el esfuerzo y la entrega. Sin embargo, Ángel Di María, por el único golazo, y Rodrigo De Paul, por su constante e incansable alto rendimiento, se destacaron en demasía por haber entendido el juego en todo momento y no detener su vuelo en ningún instante del encuentro. Carácter. Orden. Coraje. Todas palabras que caracterizaron a estos jugadores durante toda la competencia y más en el duelo ante el conjunto dirigido por Tité. Fue un cotejo con el cuchillo entre los dientes,
El arco estuvo defendido por la gran apuesta de Scaloni y no le falló en los siete partidos de la copa. En la final, tapó dos pelotas fundamentales para aguantar el cero en su valla en el segundo tiempo y mostró la seguridad que tanto se esperaba bajo los tres palos. Pero adelante tuvo a una defensa con una interminable garra para marcarle la cancha a los Neymar, Richarlison, Paquetá y Everton. Cuti Romero y Nico Otamendi fueron dos fieras con el carácter necesario para jugar una final de este tipo. Los dos laterales (Gonzalo Montiel y Marcos Acuña) demostraron su mejor versión y aprovecharon su oportunidad. Los cuatro, impasables.
De Paul tuvo su partido consagratorio. Corrió, marcó, raspó, habilitó a Di María en el gol y no detuvo sus piernas hasta el final. Siempre fue bien acompañado por Leandro Paredes y Gio Lo Celso que hicieron el trabajo fino de tener la pelota en los momentos justos. Y se ganó aún con una deslucida presentación de Lionel Messi que no contó espacios ni destellos para marcar la diferencia pero se entregó hasta donde le dio el físico que le jugó una mala pasada en el final cuando pudo liquidar el pleito en una contra. Hasta Lautaro Martínez debió hacer un trabajo inusual de molestar y ocupar espacios ante tan pocas chances de peligro.
La revancha fue toda de Ángel Di María que tomó la confianza del entrenador y convirtió el único gol como en aquella medalla dorada de Pekin 2008: recepción del pase de De Paul, control total y definición por encima de Ederson. Gran despliegue del «Fideo» que fue elegido como el mejor jugador del encuentro. Los cambios de Scaloni (Germán Pezzella, Nicolás Tagliafico, Guido Rodríguez, Exequiel Palacios y Nicolás González) entraron bien y se acoplaron a lo que pedía la intensa búsqueda brasileña en campo propio.
El pitazo de Ostojich se transformó en desahogo, alegría y llanto para jugadores, cuerpo técnico, dirigencia y todos los hinchas argentinos en todo el mundo. 28 años después, Argentina volvió a gritar campeón y en un escenario que lo hace más inolvidable: contra Brasil y en el Maracaná. La Canarinha nunca había perdido una Copa América en su casa pero las estadísticas se rompen y ahí estuvo la Albiceleste para cortar con todos los récords brasileños en su propio país. ¡Salud, selección! Son los campeones de la perseverancia.