Un 11 de mayo, bajo un diluvio, con un triunfo por 3 a 1 de Boca Juniors sobre Lanús se despedía Juan Román Riquelme. Aquellos tiempos agitados entre la no renovación y un cruce con la dirigencia que encabezaba Daniel Angelici que persiste al día de hoy.
Muchos pensaban que aquel domingo de mayo no iba a ser uno más. Boca, lejos de la lucha por el campeonato, enfrentaba a Lanús que tenía a Guillermo Barros Schelotto en el banco. El partido fue trabado pero en cuanto llegaron los goles se desató el vendaval mágico de JRR10 que inmortalizó el caño sin tocar la pelota, lo sufrió Carlos Izquierdoz. Una auténtica función del enganche que brilló como en sus mejores tiempos y decía adiós revoleando la camiseta bajo la tormenta. Como un hincha más.
Aquel encuentro tuvo los goles de Gigliotti, Colazo y Riaño para el Xeneize mientras que el Pulpo González marcó para el Granate. De ahí en más Riquelme ya no formaría parte del día a día en el club pero se transformaría en un símbolo que lo terminaría depositando en la vida política del club.