Tener la suerte de ver en persona un partido de una Copa del Mundo es un premio que pocos gozan y que nadie despreciaría. Mucha gente hace el esfuerzo económico para ver tamaño evento y, otros, más afortunados aún, aprovecharon que les tocaba merodear la zona del certamen por cuestiones laborales. Esto último le tocó a un grupo de marineros egipcios que, para el cierre del grupo F, amarrababn su buque en las costas de Cagliari.
Cerdeña es una isla imperdible repleta de turistas y de buena energía. Italia 90 tuvo una sede en el archipiélago que recibió también la presencia de Irlanda y Holanda. Sin embargo, los protagonistas de esta historia han sido Inglaterra y Egipto que lucharían entre sí por un lugar en los octavos de final de la cita máxima del fútbol.
De un lado los hooligans, ultra custodiados tras los disturbios que generaron días atrás en el partido frente a La Naranja Mecánica. Fanáticos alcoholizados con sus banderas atadas al cuello, mostrando el torso, gritando desaforados y mostrando su pasión por el deporte que ellos mismos crearon. Del otro, un escenario que de repente sorprendió a propios y extraños. Una marea vestida de blanco, con su propio sombrerito de marinero.
Poco más de dos mil kilómetros separan al país africando de la isla de Cerdeña y, de yapa, una navegación por el Mar Mediterráneo. Ese fue el plan perfecto para que los muchachos del sector naval pudiesen decir presente en Italia 90. Algunos ya habían vivenciado anteriormente el empate contra Irlanda en Palermo. Pero esta vez, los hombres de uniforme, inundaron las calles de Cagliari y la tribuna del estadio Sant´Elia para vivir la derrota por 1 a 0 con Inglaterra. Sin dudas, uno de los capítulos más coloridos que ofrendó aquél Mundial de Italia 90, hace exactamente 30 años.