Copacabana es un lugar mágico de Río de Janeiro y caminar por las calles de este particular barrio significa respirar el aire carioca en su mayor expresión. Sin embargo, por la calle Xavier da Silveira y a una cuadra de la playa, aparece un local que llama la atención y más si el observador es argentino: «La Taberna de Laura». Empanadas, chopiranes, pizzas, alfajores, locro, vinos, fernet y mate con torta frita se lee en el cartel con una amplia variedad de la oferta gastronómica de nuestro país en un solo lugar totalmente ajeno.
El negocio es atendido por su propia dueña, una adorable mujer que irradia cariño y muestra la famosa «argentinidad» al instante. Llegar a Río de Janeiro fue una aventura por el mundo para ella: nació en Buenos Aires, vivió en Unquillo y se fue a probar suerte a Salvador de Bahía con tan solo 23 años y vendiendo empanadas en la playa. Un desencuentro amoroso la lanzó a su andanza por el mundo: Guyana Francesa, Colombia, Cuba en donde estudió dirección de cine, Francia, Ibiza y Nueva Delhi, lugar en el que llegó a vivir en un monasterio. Sus peripecias culminaron en Río y aquí se animó a poner su propio local con sus exquisiteces.
Como un típico lugar argentino, los partidos de fútbol se vuelven un ritual y más si hay un equipo o la Selección de nuestro país. «El clima es mágico. No hay un lugar en Río que sea 100% argentino como este. River, Boca o la Selección me gustan más que algún evento como un cumpleaños o una fiesta. No extraño argentina porque la tengo acá. Cuando vienen compatriotas me abrazan y recibo mucho amor. Cocino con amor, atiendo con amor y la gente me transmite eso», se sincera y emociona Laura durante la entrevista.

El fútbol genera trabajo y la dueña lo disfruta cada vez que se juega un superclásico o algún encuentro de un torneo internacional. «Siempre paso los clásicos de River y Boca, y se llena todo el local. Algún eventual partido de Copa Libertadores como cuando juegan un equipo brasileño y un argentino. Normalmente se llena», reconoce con una sonrisa de oreja a oreja.

Río de Janeiro muestra la historia de una mujer argentina con coraje y amor por su tierra. Ella se identifica como una vendedora por naturaleza y quiere extender su negocio hacia las redes sociales: «No sirvo para esas cosas pero ahora me ayudará una persona para hacernos más conocidos todavía». Una historia de supervivencia albiceleste.
