El boleto de tren no es claro. Marca una estación de salida (Oktyabrskaya) con un nombre idéntico a una del Metro. La imaginación y la lógica nos hace pensar que las casualidades sí existen pero no siempre lo que brilla es oro. Desconfiamos y como periodistas preguntamos, una de nuestras obligaciones. La intuición nos llevó al lugar correcto.
El camino de Moscú a San Petersburgo es obligado. Argentina se juega la vida ante Nigeria en el estadio más caro del mundo en donde hace de local el Zenit de los argentinos Mammana, Rigoni, Paredes y Driussi. Hay que estar, como siempre estamos en las canchas de nuestro querido ascenso o Superliga y acompañando a estos jugadores que llevan la camiseta con los colores de la patria.
Podríamos divertirnos con juego de las mil diferencias en la comparación del transporte argento con el ruso y les aseguro que es posible encontrarlas. Como si fuera un viaje de Buenos Aires a Córdoba, nos trasladamos de Moscú a San Petersburgo (la antigua leningrado).
El control con ticket y pasaporte demora unos segundos y el pasillo abre una especie de «alfombra» roja hacia los famosos camerinos de las películas. Una alfombra de los años treinta con cuatro literas (dos de cada lado). Abajo, dos sillones que se hacen cama y arriba, solo dos literas. Sábanas, acolchados, almohadas y toallas. Completo. De un destino al otro son un poco más de 9 horas y por eso el horario nocturno se convierte en una gran decisión.
Los compañeros de cuarto aparecen y el idioma ruso se detecta inmediatamente. Las únicas palabras salen en inglés para luchar contra el acostumbramiento a un nuevo ambiente en ese «cuarto» para cuatro personas y con un lugar libre. Cada uno se prepara su cama: se ponen las fundas a las almohadas y se colocan las sábanas sobre el colchón cómodo y de buena contextura. A dormir. Las nueve horas se pasan muy rápidas. La comodidad es algo que no se negocia en los vagones del ferrocarril ruso.
Llegada ideal y a tiempo. El reloj marcó las 11.02, el mismo horario que decía la tarjeta de embarque. La puntualidad, eso que no existe en Argentina y gozamos en el tren y el Metro en plena Copa Mundial de la FIFA.