La palomita que salvó a la Albiceste: Emanuel Ginóbili y un histórico triunfo de Argentina

La palomita que salvó a la Albiceste: Emanuel Ginóbili y un histórico triunfo de Argentina
Photo by Jose Jimenez/Primera/Getty Images)

Para ser un equipo ganador no alcanza con la superioridad táctica. La habilidad técnica de los intérpretes, por su lado, tampoco es suficiente. Se necesita de algo más: aparecer en los momentos importantes, cuando el final está cerca. La Selección Argentina de básquet comprende esto a la perfección. Por eso, vence 83 a 82 en el debut olímpico contra Serbia y Montenegro por el Grupo A. Gracias al vuelo de Emanuel Ginóbili. Sobre la chicharra. De palomita. En Atenas.

Las revanchas pueden funcionar

La sed de venganza, a veces, sirve como aditivo. Con ella, es posible que la inspiración y la motivación se incrementen. Los argentinos llegan al Helliniko Olympic Indoor con la sangre en el ojo, debido a la derrota frente a Yugoslavia en la final del mundo dos años atrás en Indianápolis (Estados Unidos). Sí, es otro país. Pero el plantel rival es casi el mismo en la capital griega. Y los polémicos fallos arbitrales de aquel encuentro todavía duelen. Por su parte, los europeos encaran el partido con sus características virtudes: fuerza, templanza y juego en la pintura.

El desarrollo de la actividad es propio de una primera fecha. Hay imprecisiones, nervios y esfuerzo físico. Pero, sobre todas las cosas, dice presente la paridad. Nadie se escapa en el marcador. Los dirigidos por Rubén Magnano, de a ratos, parecen sentirse cómodos y toman las riendas del cotejo. Suman pases, toman los rebotes y encestan desde media distancia. De todas formas, los de Zelimir Obradovic contrarrestan la situación a través de la intensidad defensiva: si Ginóbili tiene la pelota, dos marcas lo acorralan. 

El comienzo del fin…En el debut

Se inicia el último cuarto y la tensión invade el estadio. Todos los presentes saben que hay mucho en disputa. Comenzar el Juego Olímpico con una derrota sería complejo de soportar para ambas selecciones. Ante esto, surgen múltiples muestras de hostilidad. Cada decisión arbitral es sinónimo de reclamos y ademanes por parte de los bancos de suplentes. Se busca sacar ventaja de cualquier acción. A su vez, el cansancio toma protagonismo en la escena. Pero no importa: el corazón los impulsa a seguir. La victoria aparenta no tener dueño.  

Con el resultado empatado en 81 y a falta de 3,8 segundos para el cierre, Dejan Tomasevic tiene dos tiros libres a su favor. La responsabilidad recae sobre su humanidad. Es mucho peso sobre sus hombros. Brota la posibilidad de ser el héroe. Se muestra agitado e intranquilo. Tras picar la pelota en cuatro oportunidades, falla el primero. En consecuencia, los suplentes serbios se lamentan. Pero el segundo, adentro. Ahora, la ventaja es por uno para los europeos. Todo da a entender que se repite el resultado de Indianápolis.

La palomita de Emanuel Ginóbili, el festejo y lo que sigue

Andrés Nocioni, alero, repone el juego rápidamente y le pasa el balón a Alejandro Montecchia. El reloj corre y asfixia al quinteto albiceleste. Allí, Ginóbili se desmarca a gran velocidad y toma la bola. Falta medio segundo para que se baje el telón del encuentro y el tiempo parece congelarse. Es sólo una ilusión. Vuela como las palomas, lanza y encesta. Sobre la chicharra, Argentina se hace con el triunfo. Se toma venganza del Mundial. La moneda cae de su lado. El equipo nacional explota de felicidad.

Toda la delegación va sobre el héroe. Los sentimientos convergen en un abrazo colectivo que queda para la eternidad. La emoción es indisimulable. En las tribunas, la hinchada argentina no para de celebrar. Cantan, saltan, aplauden. También exhiben sus banderas con pasión y procesan la epopeya. Se saben testigos de la historia. Por su lado, los serbios son tomados por la frustración y reclaman que el lanzamiento de Emanuel Ginóbili es inválido por falta de tiempo. Pero no. La objeción es desestimada tras una breve revisión.

Se trata de un triunfo épico. De esos que emocionan y trascienden. Cuarenta minutos de esfuerzo, pasión y coraje. La Selección Argentina de básquet se lleva un partido fundamental para afrontar lo que resta del Juego Olímpico. Aún quedan los duelos frente a China, Italia, España y Nueva Zelanda, pero los análisis sobre los desafíos venideros pueden esperar. Es momento de celebración y disfrute. Paridad. Venganza. Sobre el final. De palomita.

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