La breve y exitosa historia del Chinezul Timisoara

En la región del Banato, que todavía estaba bajo el dominio del Imperio austrohúngaro, más concretamente en la ciudad de Timisoara, surgió en 1910 una entidad que hizo historia en el balompié rumano.

Originalmente, el club fue denominado Kinizsi (en húngaro), tal y como se refleja en su escudo, donde aparece su denominación sobre una piedra de molino elevada por una representación del fuerte brazo de Paul Chinezu, gran militar y Conde de Timis, durante el siglo XV. Esta institución fue fundada por trabajadores ferroviarios que en sus primeros años constituyeron la base de su plantel.

Dentro de la estructura futbolística húngara, competía con rivales regionales, sin poder ascender al primer escalafón, que estaba reservado a equipos de Budapest. Sin embargo, tras la Primera Guerra Mundial, se firmó el Tratado de Trianón, que sirvió para repartir parte de las tierras húngaras. El Banato se dividió fundamentalmente entre la recién creada Yugoslavia y Rumanía.

Con el acceso al fútbol rumano, el Kinizsi, que rumanizó su nombre para convertirse en el Chinezul, alcanzó seis campeonatos nacionales consecutivos, entre 1921 y 1927. Un récord que tardó más de siete decenios en ser superado por el Steaua de Bucarest.

Por el contrario, el fútbol húngaro volvió a aparecer en la historia del cuadro ferroviario, que vio como sus mayores talentos atravesaban la frontera en busca de los contratos del deporte profesional. El presidente Cornel Lazar, también decidió cambiar de aires, aunque sin moverse de ciudad y fundó el Ripensia (cuatro veces campeón en la década de los 30). A partir de ahí comenzó un imparable declive sólo mitigado por el quinto puesto de 1935.

Tras varias fusiones con otros cuadros locales, la historia del Chinezul de Timisoara tocó a su fin en 1949, colmada de victorias y vicisitudes.