La vida de Marcelo Bravo cambió de un día para el otro. Campeón con Vélez en 2005, convocado a la Selección Argentina Sub 20 y un futuro brillante para un joven de 20 años. El 6-0 ante Gimnasia en La Plata del 20 de agosto de 2005 fue su mejor participación en Primera pero al mismo tiempo la última de su carrera. “Fue el mejor partido porque tuvo todo: sacrificio, recuperación, metí un gol y dos asistencias. Fue el partido soñado. Parece a propósito que Dios haya decidido que fuera el último”, recuerda el hombre de Lomas de Zamora. La peor noticia le llegaría dos días después. Los médicos del club le comunicaron la detección de una miocardiopatía hipertrófica que le impedía volver a correr en una cancha. El fútbol le dio una segunda oportunidad pero desde el banco de suplentes. Hoy le toca cumplir su tarea como entrenador de la novena división de inferiores en Vélez y sueña con dirigir en Europa.
Vermouth Deportivo: ¿Qué te acordás de aquel lunes tan fatídico? .
Marcelo Bravo: El lunes llegué a la práctica y fue un momento dramático. Me acuerdo que era el cumpleaños de un compañero y había llevado facturas, sándwiches de miga, de todo. Saludé, me fui a cambiar, comí algo y en un momento aparece Miguel (Russo) y me dice que no podía entrenar. Me quedé sorprendido. Me pidieron que me vuelva a cambiar y que pare dos o tres días para hacerme un chequeo general bastante completo. Todo se encaminaba a un problema importante. Después de siete meses sin jugar se detectó la miocardiopatía hipertrófica que me impedía la actividad deportiva por riesgo de una muerte súbita. Fue un tiempo de agonía aunque nunca perdí la esperanza. Nunca me faltó el aire, en el último partido hice una corrida de sesenta metros y me acuerdo que me corría Lobos por atrás y no me pudo agarrar en el minuto 87.
VD: ¿Qué recuerdos te quedan del tiempo posterior a la detección de la enfermedad? .
MB: Los primeros cinco meses me costó mucho hablar del tema y decidí no dar notas. En un momento mi cabeza hizo click y comencé el curso de técnico. Sé que era joven y podía dar mucho más pero todo lo que pude entregar lo entregué. Cuando se confirmó la enfermedad y baje los seis pisos de la Fundación Favaloro tras unos exámenes, no le hablé ni a mi familia y me fui en mi auto. Fue un momento duro y crítico. Tardé varios meses en asumirlo. La lástima es que no pude cumplir el sueño de jugar en Europa. Y mira que había varios clubes interesados. Ojalá lo pueda cumplir como técnico. .
VD: ¿Y hoy ya está superado el problema. ?
MB: Hoy después de todo lo que pasó me siento capacitado y más tranquilo. En ese momento dolió mucho. Fue muy complejo. No me lo esperé nunca porque más allá de tener la enfermedad no sentía ni siento dolor ni tengo síntomas. Eso es quizás lo que más me duele pero la miocardiopatía hipertrófica está. No puedo hacer esfuerzos como los que hace un profesional pero vivo una vida normal. Hoy está asumido y disfruté el momento que me tocó estar en Primera y en la Selección.
Vélez Sarsfield es un capítulo aparte para Marcelo Bravo. La institución lo apoyó desde el primer momento y hasta le dio un lugar como entrenador en infantiles e inferiores. No es cualquier persona en Liniers. Es un tipo sencillo. Lo saludan y lo respetan por su personalidad y su lucha. “Es un club organizado que trata bien a sus empleados y es mi segunda casa. Siempre lo dije. Llegué en 1991 me conocen desde el canchero hasta el presidente, pasé todas las etapas como jugador y después de lo que pasó enseguida hablaron conmigo y me ofrecieron este cargo”, cuenta el hombre de 31 años. Su primera experiencia como director técnico fue inusual. Con sólo dos décadas de vida colaboró como ayudante de campo de Miguel Angel Russo en el Fortín entre 2005 y 2006 pero decidió empezar de cero en infantiles.
VD: ¿Cómo fueron tus comienzos en el banco de suplentes con Russo? .
MB: Cuando empecé fue todo al revés. Me tocó ser ayudante de Miguel Ángel Russo con 20 años y cuando se va de Vélez bajé a juveniles. No me sentía capacitado para estar con chicos tan grandes. Yo tenía 20 y estaba con jóvenes de 17 o 18 años del otro lado. Era complicado soltarse. Decidí empezar desde cero con fútbol infantil y formarme como técnico. Sinceramente crecí mucho. .
VD: ¿Cúales son tus objetivos como entrenador?
MB: Quiero dirigir en Primera y es un objetivo que quiero cumplir de acá a cuatro a cinco años más. Hoy estoy en novena y ojalá que el año que viene pueda pegar el salto en quinta o sexta. En algún momento espero que también se me de dirigir en Europa o en otro país como Brasil, México, Colombia o Ecuador.
VD: ¿Qué es lo que tratás de inculcarle a los chicos? .
MB: Trato de inculcarles el esfuerzo y la constancia para llegar a ser un gran profesional. Eso lo sacó de mis inicios y unos lindos recuerdos como tomarme cuatro o cinco colectivos para entrenar. En ese momento me tomaba el 283 desde Lomas de Zamora hasta Camino Negro, el 318 o el 542 hasta Puente La Noria, después el 21 o 28 hasta Liniers y dependiendo del horario venía caminando desde San Cayetano hasta el predio Vélez o me tomaba el 34 que me dejaba en la puerta. Lo volvería a hacer. El esfuerzo lo tienen que hacer, dejar a sus amigos, ir al cole, después entrenar y hacer la tarea. Para mí valió la pena porque me ayudó a llegar a Primera.
LA HELADERA Y EL MALETÍN. La historia del primer premio económico de Marcelo Bravo no tiene desperdicio con protagonistas exclusivos como el maletín y la heladera de la madre. “El señor del maletín entraba en el vestuario, nos daba un cheque que en ese momento ni sabía lo que era.Nunca lo había tenido en la mano. Mi representante me llevó al banco a cobrarlo y después a comprarle a mi vieja la heladera”, recuerda jocosamente el director técnico de la novena del Fortín y agrega el paradero del electrodoméstico después de más diez años: “Le heladera ya la cambió. Igual te digo que sigue funcionando bárbaro. Quizás habría que mandar a arreglar la parte de abajo que no cierra muy bien pero salió muy buena. La elegí bien”. .
UN MESSI BRAVO. Marcelo Bravo se llenó de vivencias en poco tiempo. Debutó y salió campeón con Vélez, vistió la camiseta de la Selección Argentina Sub 20 en el Sudamericano 2005 en Colombia y hasta jugó con Messi: “Día a día recuerdo la primera vez que lo vi. Hugo Tocalli nos contó que iba a venir un chico que se llamaba Lionel Messi, que jugaba en el Barcelona. Llega “Lío” cambiado y preparado. Se presenta, entra al grupo y habla más que nada con el Pocho Lavezzi y Mauro Formica porque eran de Rosario. Hugo (Tocalli) divide el plantel en dos equipos y justo me toca jugar con él. La primera pelota se la doy yo y de repente empieza a amagar a todos, lo pasa al arquero Ustari y entra con pelota y todo. No pensábamos que era tan bueno y ahora es el mejor del mundo”.