No llegaba a cumplir 20 años cuando en Timote y Castro lo llamaron para que estampe la rúbrica. Hacía inferiores en Talleres de Remedios de Escalada, soñaba con jugar en Independiente, ayudaba a su padre como albañil, y cuando firmó el vínculo profesional con la entidad Albirroja jamás imaginó que sería eternamente «Il Capitano» del Inter.
«Sueldo mensual: la suma de 230» decía el documento oficial presentado por la dirigencia Tallarín en AFA. En aquella época, Argentina atravesaba una década de convertibilidad por lo cual un peso era un dólar. Y aproximadamente, Javier Adelmar Zanetti hubiese necesitado tres años sin tocar un centavo para comprarse un Fiat Vivace que era el más barato del mercado.
A esos 230 dólares mensuales del contrato anual en Talleres de Remedios de Escalada se le sumaba un plus por punto ganado con su equipo. El mismo era de 50 pesos y las victorias otorgaban dos unidades por lo cual, en una racha positiva de cuatro victorias en fila, el «Pupi» podía llevar a su casa como máximo un total de 630 mangos.
Fue sólo un año en el Tallarín y jamás lo olvidó. Zanetti siempre volvió al club que lo vio nacer a pesar que después cruzó de vereda y recaló en Banfield para continuar toda su carrera en el Inter de Milan donde no sólo se ganó la cinta de capitán sino que además jugó 858 partidos, ganó una Champions y un Mundial de Clubes.
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