Se conocieron de casualidad y desde allí quedaron unidos hasta la eternidad. Porque hay amores que existen hasta que la muerte los separe, y otros que perduran infinitamente aunque el inevitable destino decida que los seres humanos debemos cambiar de morada. Juan Carlos Calabró, que ya no está entre nosotros hace casi cinco años, no podía faltar en uno de los partidos más importantes del Viola. Y ese lazo que los unió para siempre quedó demostrado en Formosa cuando el capocómico saltó a la cancha para jugar unos minutos contra el Millonario por Copa Argentina.
Villa Dálmine había organizado una camiseta especial para medirse con River Plate. Cada casaca podía llevar el nombre de algún socio que debía abonar para figurar en la espalda y por encima del número. Y la ilusión que reinaba por Campana generó que esta movida recaudatoria sea solicitada por muchos hinchas que quisieron inmortalizar esa noche en una estampa textil.
Cuando el partido estaba cocinado y el Viola había logrado el descuento, Felipe de la Riva metió un cambio tan ofensivo como lleno de añoranza. Gastón Martiré, delantero de las inferiores, saltó al rectángulo de juego en reemplazo de Jorge Molina. En sus espalda sobresalía el número 18 pero relucía la inscripción del hincha más famoso que tuvo la institución: «J.C. Calabró».
El humorista, fallecido en noviembre de 2013, había forjado un lazo único con la institución de Campana desde sus épocas de ciclista. El capocómico solía recorrer desde Capital Federal hasta Zárate ida y vuelta en su bicicleta demostrando la pasión por dicho deporte y también manteniendo una vida saludable. Hasta que una tarde, en una urgencia con una rueda, fue la hinchada del Viola quien no sólo lo ayudó en plena ruta sino que además, al reconocerlo, le brindó todo el cariño que el famoso atesoró y devolvió en cada momento.
En uno de sus personajes más conocidos, como Johnny Tolengo, compuso un tema que todas las hinchas del fútbol terminaron apropiándolo. El «que alegría, que alegría, olé olé olá» sonó en Mitre y Puccini sabiéndose que esa letra y melodía estaba escrita con tinta violeta. Así lo despidió su gente el día que falleció, llenando la cancha y entonando esa canción. Pero Calabró sabía que el amor no terminaba ahí nomás y tuvo una función más. Y esta vez se calzó la camiseta y defendió a su querido Villa Dálmine figurando en la espalda del juvenil que tiene un futuro «majestuoso».