Color nunca falta en un espectáculo a nivel internacional como Singapur vs Argentina en el National Stadium. Cualquier partido fuera del país lleva consigo datos llamativos y diferentes a las costumbres argentinas dentro de nuestro fútbol. La noche asiática con triunfo albiceleste por 6 a 0 dejó más que una goleada.
DESDE CUALQUIER PARTE. En el National Stadium hubo fanáticos de muchas partes de Asia para ver a la Selección Argentina. Los colores celeste y blanco atrayeron a gente de Indonesia, India y obviamente de Singapur en el festejo de los 125 años de la federación local. No faltaron banderas y remeras de nuestro fútbol como una de Racing Club, Huracán y una casaca de Banfield que se notaron en todo momento.
EXPECTATIVA A LA MITAD. El escenario del partido en el continente asiático no contó con un lleno total. La ausencia de Lionel Messi bajó las ganas de presenciar el encuentro y por eso la asistencia fue -casi- de un 50 por ciento de un estadio que puede albergar aproximadamente a 55 mil espectadores.
EL QUE AVISA, PROHIBE. Singapur es un país ordenado por el cumplimiento de sus reglas y por eso la entrada al estadio conlleva de un respeto por las normas. En la entrada dejan en claro que no se puede entrar con comida aunque sí comprar dentro (al contrario de gran parte de otras canchas que venden a las afueras), no se permite salir y entrar del estadio, ni llevar cámaras profesionales y palos de selfie ni tampoco fumarte un cigarrillo. Las reglas bien claras.
POR UN TRAGO, LA VIDA. En casi todos los escenarios comprar algo para comer o tomar suele ser caro y en Singapur no fue la excepción. Para los mayores: consumir bebidas alcohólicas significa gastar más de 150 pesos argentinos como por ejemplo: la copa de vino tinto o blanco valía $145; la cerveza, $162 y el whiscola, $191. Si los espectadores tenían hambre debían pagar aproximadamente 121 pesos por un balde de pochoclo dulce; $50 un paquete de papas fritas y $24, uno de maní. A dejar el sueldo para darse un gusto.