Tal vez sea injusto recordar un ascenso en una sola fecha porque se trata de logros que se fueron elaborando con el correr de las jornadas. Lo cierto es que un lunes 25 de junio de 2007 el Matador derrotó al Torito en un partido terminó suspendiéndose y logró su pasaporte a Primera División condenando a los de Mataderos al Nacional B.
Olimpo había sido el campeón de la segunda categoría tras liderar ambas ruedas e incluso sacarle nueve unidades de diferencia a su inmediato perseguidor que era San Martín de San Juan. Más tarde el Verdinegro iba a conseguir su pasaje al fútbol grande en una discutida final ante Huracán que, tras ser derrotado se enfrentaría en una promoción con Godoy Cruz y la terminaría ganando consiguiendo también ese ansiado regreso a la divisional que le pertenece.
Sin embargo el protagonista de esta historia, única y tal vez irrepetible, fue Tigre que que se metió en un Reducido para dirimir quién jugaría por la última plaza para llegar a Primera. Y el camino para los dirigidos por Diego Cagna no fue del todo fácil. Y en verdad porque en la última fecha del campeonato dejó escapar la chance de terminar como escolta del Aurinegro y tener varias oportunidades para lograr el ascenso pero un tropiezo contra Instituto de Córdoba lo relegó a jugar, en principio, semifinales contra el duro Chacarita Juniors.
El Funebrero tenía hombres de peso como un tal Matías Alustiza que recién asomaba como promesa y era uno de los mejores jugadores del campeonato. Todo parecía que era el final para el Matador porque, en cancha de Lanús y a puertas cerradas, el Tricolor se imponía jugando bien pero terminó dejando con vida a su rival. Dos goles del mecionado «Chavo» Alustiza y uno de Cristian Alfaro eran parte de la paliza que se llevaban para el José Dellagiovanna. Sin embargo pudieron palearla con un grito de Leandro Lázzaro y otro de Juan Pablo Pereyra.
La ventaja deportiva la tenía Tigre que se hizo eco de ese 3 a 2 en contra para no perder las esperanzas en su casa y con su gente. La historia entre ambos, aquella final de 1994 jugada en River que terminó en festejo para los de San Martín, la ilusión de la gente. Mucho en juego y situaciones de riesgo en ambos arcos hasta que a los 39 minutos del segundo tiempo Martín Morel ejecutó una pelota parada que se desvió en Federico Iñiguez y le dio la victoria a los de Cagna por 1 a 0. El delirio, el sufrimiento y la fiesta tuvieron sede en Victoria donde una final y una posible promoción para ascender a Primera estaban a tan sólo cuatro escalones.
Platense sería el rival del Matador tras un épico empate en Rafaela contra la Crema. Sin embargo el Calamar no pudo pasar del 0 a 0 en el partido de ida, había perdido muchísimo potencial con respecto al elenco que prometía en el Apertura 2006, y terminó cayendo en la final ante un oponente que tenía las garras afiladas y el hambre de gloria intacto. El 2 a 0 en el Dellagiovanna depositó la ilusión del equipo que viste de azul y rojo en un ida y vuelta contra Nueva Chicago.
Iban 31 minutos en Victoria cuando Daniel Islas sacó fuerte desde un arco. La caprichosa picó en campo rival, superó a dos jugadores, y en la puerta del área grande Leandro Lázzaro ensayó una chilena inolvidable para sellar el 1 a 0 con el que Tigre iría a jugar a Mataderos obligando a su oponente a ganarle sí o sí, caso contrario, la fiesta quería en el vestuario de los de Cagna. Y en Capital Federal se vivió de todo.
Clima tenso que se puso más espeso aún cuando Diego Castaño ponía el 1 a 0 frente a un nueva Chicago que le quedaban 45 minutos para dar vuelta la historia. Pero Martín Galmarini en la complementaria no tuvo piedad, estiró la ventaja, y parecía liquidar la serie. Federico Higuaín descontó rápidamente pero el empate no llegaba. Mariano Campodónico sobre el final dilapidó una chance que hubiese paralizado muchos corazones pero, más tarde, el colegiado Gustavo Bassi marcó un penal para el visitante. Hasta ahí se jugó.
La fiesta no podía ser en Mataderos, un grueso de la hinchada del Torito invadió la cancha y atacó a los que deliraban con ese regreso a la máxima categoría. En la batalla murió un hincha, Marcelo Cejas.
Pasaron nueve años y muchos partidos en el medio. Tras 27 años Tigre regresaba a Primera. La fiesta no podía ser en otro lugar que en Victoria.