La historia no terminó bien entre el Tricolor paulista y el Matador de Victoria. Después de una década volverán a verse las caras con el recuerdo de aquella famosa final de Copa Sudamericana donde no se jugó el segundo tiempo y los argentinos denunciaron un apriete con armas de fuego en camarines.
Tras aquella inolvidable noche en el Morumbí, el clima se puso espeso entre los fanáticos de Tigre y los de San Pablo desde que el sorteo volvió a cruzarlos. Incluso, ambos se verán las caras por la fecha inicial y en el norte del Gran Buenos Aires se espera un operativo muy amplio.
Las puertas del estadio abrirán cuatro horas antes del inicio y habrá 660 policías abocados al operativo de seguridad. La parcialidad visitante será escoltada desde un punto estratégico de la Capital Federal hasta el estadio al igual que el plantel del Tricolor para evitar problemas mayores.
Tanto la agencia de prevención local como CONMEBOL recibieron también el visto bueno de los organismos brasileros que controlaron el éxodo de sus hinchas para aplicar el derecho de admisión antes de cruzar la frontera en caso de ser necesario.
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