La historia no cicatrizó. De un lado suplican que todo el mundo reconozca el genocidio y del costado opuesto, hacen oídos sordos con algunos aliados. El fútbol hizo que este sábado a la noche se midan el Colectivo y los de Luna y Estrella con un claro clima hostil en las tribunas.
A la hora de entonar las estrofas del himno nacional de Turquía, todo el pueblo de Armenia mostró su reprobación hacia la nación rival. Silbatina estruendosa, pirotectnia y abucheos inundaron la jornada en Yerevan. Claramente, había algo mucho más que fútbol este sábado.
Con dos argentinos en cancha como Lucas Zelarayan y Norberto Briasco, los locales tuvieron una previa de partido esperando agazapados a este momento. A más de un siglo de una matanza indiscriminada de personas, sin importar razas o etnias, el mundo demostró que hay heridas que no cierran jamás.
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