Si hubiese que identificar a una persona políticamente incorrecta, el nombre de Luis Juez se convierte en una posible opción. Verborrágico, sin pelos en la lengua y defensor de sus propias ideas, el Diputado Nacional por Córdoba lleva la pasión por el fútbol y Talleres a flor de piel. Detrás de su traje de político, se esconde un hincha terrenal, sentimental y sufrido de este deporte.
“Soy una persona más y tengo 57 años. En la cancha jamás me encontré al Gobernador ni al intendente. Tal vez ellos están en algún partido importante pero yo voy a todos con los hinchas en la platea. Dejo el auto a veinte cuadras como cualquiera, camino kilómetros para llegar a la cancha. Iba hasta cuando estábamos en el fondo del mar, cuando estaba en campaña electoral, cuando me puteaban, cuando me aplaudían”, expresa el cordobés a los micrófonos de Vermouth Deportivo y cuenta cómo suele comportarse dentro de la cancha: “Me pongo loco. Arranco con las primeras puteadas a los dos minutos. Me conoce todo el mundo. Hace veinte años que sabemos en qué lugar se sienta cada uno. Lo disfruto y lo considero una pasión. Jamás me van a ver a mí teniendo una postura políticamente correcta en la cancha”.
Ferviente fanático del Matador, Luis Juez no disimula su relación con sus vecinos piratas y respeta a sus rivales en las buenas y en las malas. “Imaginate que vivo un barrio de hinchas de Belgrano. Me comí por diez años como un duque cuando estuvimos en las malas. Ahora ellos están calladitos. Llegan a las doce de la noche como cuando nosotros jugábamos con Gutierrez o Sol de Mayo. Me acuerdo que llegaba tarde a mi casa y me quedaba dentro del auto hasta que se fueran los de Belgrano que se juntaban cerca de mi casa. Ahora están en las malas y yo aprovecho y me quedo en la vereda tomando mate”, narra el Diputado con su efusividad característica y reconoce la necesidad de dos equipos de su provincia en primera: “Nos potenciamos porque las directivas se relajan cuando la competencia no es con el rival de toda la vida. Tampoco te voy a mentir ni te voy a decir que me pongo a llorar y que los domingos voy a misa para pedirle a Dios que ascienda Belgrano. No soy un falso”.
“¿Se extraña ir a la cancha, Luis?”, le pregunta el periodista de Vermouth Deportivo y la respuesta fue, sin dudas, afirmativa. “Uno no sabe cómo va a ser esto después de la pandemia, cómo seguirá el fútbol. Lo lindo que tiene es darle un abrazo a cualquier persona que no sabés quién es cuando hacen un gol y te terminabas dando ´besos de saliva´ a un montón de hinchas. Va a ser raro festejar los goles. Nos vamos a tocar los codos a dos metros”, visualizó el futuro cercano del mundo de las tribunas.
DIRIGENTE, NO. EMBAJADOR FUTBOLERO, SÍ. Al político nunca se le cruzó por la cabeza meterse en la dirigencia de Talleres a pesar de varios ofrecimientos. Sin embargo, lo más cerca de ser un directivo de fútbol fue en aquella histórica noche de Atlético Tucumán ante El Nacional de Ecuador por el repechaje de la Copa Libertadores en 2017. “Lo que viví esa noche son cosas que solo un “tarado” puede hacer. Me gané enemigos eternos en Ecuador. Los tucumanos me adoran, me llaman, me tienen como si fuera la virgen del Valle. Me tienen como el talismán de la suerte. Me llamaron millones de veces para entregarme una plaqueta porque me nombraron ciudadano ilustre. Si voy a Tucumán, me nombran gobernador. Que se vaya cuidando Manzur”, rememora y cierra: “Nunca lo conté, en la Cancillería pensaban que me estaba extralimitando pero era mi obligación. Uno es funcionario público y estás a disposición de tu gente sin importar si estás dentro o fuera de tu país. No me podía hacer el boludo, era la primera vez que un equipo de Tucumán iba a jugar una Libertadores.Hubo hinchas que se fueron en auto desde Tucumán a Quito. No me podía hacer el zonzo. Duermo con una tranquilidad absoluta”.